Ajedrez por Zenón Franco: Crítica de libros (3), “Smyslov on the Couch”

Hoy hablaremos un poco del libro Smyslov on the Couch (Smyslov en el diván) de Genna Sosonko publicado por elkandruby.com.

Vilna1984, Kasparov vs. Smsylov (Foto, Tass).
Vilna1984, Kasparov vs. Smsylov (Foto, Tass).Foto Gentileza

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Con este diálogo entre Sosonko y Vassily Smyslov (Moscú, URSS, 24 de marzo de 1921- Moscú, Rusia, 27 de marzo de 2010), del 9 de marzo 2003, comienza el libro:

– “Hoy es un día especial, Vasily Vasilievich”.

- “¿Por qué es tan especial?”.

- “Fischer cumple 60 años hoy”.

- “¡No puede ser! Todavía puedo imaginarlo como un niño. El tiempo realmente vuela. ¡Fischer ya tiene 60! – La gente me leyó declaraciones de él recientes. Está mal, sí que lo está. Sus ideas son tan alocadas… Pero, ¿sabes qué? Alguien me pidió que firmara mi libro para Bobby hace un tiempo – mi trabajo le gustó de veras. Lo firmé para él, por supuesto. Una de las amigas de la Sra. Smyslov preguntó esta mañana si Fischer era realmente el jugador más brillante de todas las épocas. Eso es lo que yo llamo una coincidencia…”.

Smyslov dijo que Fischer era brillante, claro, pero había otros más igual de brillantes.

“El verdadero Vasily Smyslov”

Ese es el título del primer capítulo. Sosonko cuenta que la primera vez que vio a Smyslov fue en 1956, justo un año antes de que este se convirtiera en campeón del mundo. En un parque cerca de Leningrado vio a “un caballero alto, gentil, paseando de tablero en tablero y un pequeño círculo de espectadores alrededor de los jugadores”.

Veinte años después jugaron la primera partida oficial entre ambos, en Biel y dos años después, en San Pablo, pasaron casi todo el tiempo libre charlando, Sosonko no imaginaba entonces que algún día escribiría sobre Smyslov.

La diferencia de edad no pesaba, la amistad se hizo sólida, estuvieron siempre en comunicación, hasta hablaron por teléfono días antes de que fuera al hospital, visita de la que ya no volvió.

Smyslov era mucho más interesante en charlas informales que en las entrevistas, donde la costumbre de no decir nada “inapropiado” nunca lo abandonó.

Sus monólogos eran tan interesantes que Sosonko pensó: “esta parte de la historia no puede ser olvidada”, y, con su permiso, empezó a grabar lo dicho por Smyslov.

“Creo que él entendió el propósito de nuestras sesiones y hasta preparó algunas de ellas, y trató de articular sus pensamientos lúcidamente”.

A través de los años Smyslov repetía la máxima “haz lo que debas hacer, y que sea lo que deba ser”, ya sea en francés o ruso y citaba a clásicos rusos con frecuencia.

“La verdad es mi madre, pero Smyslov es Smyslov”

Gena Sosonko, en el libro, muestra su lealtad absoluta a Smyslov con esa frase, que es derivada de otra rusa del siglo XIX de Alexander Herzen, que rehusó imprimir material crítico sobre Mikhail Bakunin diciendo “la verdad es mi madre, pero Bakunin es Bakunin”, y creo que ambas derivan, cambiando la prioridad, de “Amo a Platón, pero amo más a la verdad”.

En los libros anteriores Sosonko mostró una actitud muy diferente con los otros grandes que conoció íntimamente.

En El ascenso y la caída de David Bronstein, que es un libro magnífico, por la poca empatía que percibo en Sosonko hacia su amigo homenajeado, creo que el título más apropiado sería La caída de David Bronstein, igualmente, reitero, para cualquier interesado en la historia del ajedrez, es un libro imprescindible.

En el libro sobre Korchnoi Evil-Doer, Medio siglo con Viktor Korchnoi, que también es una maravilla, creo que el primero donde se conoce tan en profundidad a “Viktor el Terrible”, hay mucha critica, pero se percibe afecto y también admiración por su amigo.

En el libro sobre Smyslov solo hay veneración, lo que no impide contar cosas donde Smyslov no queda tan bien parado, pero… “La verdad es mi madre, etc., etc.”.

Smyslov tenía una relación muy tierna con su esposa, Nadezhda Andreevna, o Nadyusha, o Nadine, eran casi una sola persona. A todas partes donde Smyslov iba llevaba una foto de Nadezhda joven y sonriente.

Una vez Genna, mientras tomaban te en la dacha de Smyslov, le preguntó cuándo se habían conocido. Smyslov respondió: “¿qué clase de pregunta tonta es esa, Genna?”, con una mirada de reproche, “sabes perfectamente que nos conocemos de toda la vida”.

Sosonko cuenta que Smyslov tenía infinidad de intereses e inquietudes, incluyendo a los ovnis. Las predicciones de Nostradamus, etc., perdían su interés. Solo algo permanecía inalterable, su fe religiosa, algo que Sosonko no compartía, por lo que terminó evitando las charlas sobre religión, “dado que imponer un argumento era imposible, mientras que no era difícil dañar los sentimientos de Smyslov”.

Solo al principio Sosonko le hacía preguntas como “¿Qué hacía Dios antes de que crease el mundo?” a lo que un algo irritado Smyslov le contestó: “¡estaba construyendo el infierno para gente que hace preguntas como esa!”.

Yendo al ajedrez, Spassky resaltó que por su increíble intuición lo llamaba “La mano”, y lo explicó así: “su mano sabe a qué casilla pertenece cada pieza, no necesita calcular nada con su cabeza”.

Euwe, que tenía muy mal score con Smyslov, dijo: “este amable gigante del mundo del ajedrez hace jugadas que, francamente, cualquier otro gran maestro podría hacer. Hay una sutil diferencia, Smyslov gana, los otros GMs no”.

La búsqueda de su segundo título mundial

Smyslov jugó en el Interzonal de Las Palmas de 1982. Ya tenía 61 años, era el séptimo jugador por Elo y, sin embargo, se clasificó a los matches de Candidatos. Finalizó segundo tras Zoltan Ribli, superando a Mihail Suba, que en gran actuación finalizó tercero, y a Tigran Petrosian, Bent Larsen, Jan Timman y otros fuertes maestros.

Smyslov casi nunca se preparaba para las partidas, solía caminar junto al mar, darse un chapuzón antes del desayuno y luego se sentaba solo en un banco, mirando a lo lejos.

Desde chico tuvo una enorme confianza en sí mismo. “¿Ganar el Torneo de Candidatos dos veces consecutivas? Eso es altamente improbable”, dijo una vez sobre otro jugador, cuando Sosonko le recordó que él lo había hecho. Respondió: “¡sí, pero ese era yo!”.

“Su espíritu de lucha, la actitud que había tenido a principios de los años 50, y, lo más importante, su fe en que estaba destinado a ganar y enfrentarse al campeón del mundo, retornó durante el ciclo de Candidatos 1982-1984″.

A ello, en los años 50, iba unida una ética de trabajo, un talento natural único, y mucha energía. Esto último ya no lo tenía en los 80.

Smyslov venció al alemán Robert Huebner en los cuartos de final en Velden, Austria, en 1983, fue literalmente por suerte. El match terminó 6 a 6, empataron dos partidas de desempate, y el vencedor se definió en el casino, rojo para Smyslov, negro para Huebner. El primer “desempate” no trajo vencedor, salió el 0. El 3 rojo hizo que Smyslov fuese el afortunado.

En las semifinales, en Londres 1983, venció al húngaro Zoltan Ribli, 6½ a 4½, tras entablar en posición ganadora en la 11ª y última partida: Sosonko, le preguntó por qué.

“Garry me preguntó lo mismo, Genna. Garry es todavía un hombre joven, excitable, pero sabes que yo estaba simplemente siguiendo la tradición. ¿Qué sentido tiene machacar a Zoltan cuando solo necesitaba tablas para ganar el match?”.

Kasparov estaba jugando la otra semifinal con Korchnoi, ganó y se enfrentaron en Vilna en 1984. Smyslov creía que estaba destinado a derrotar a Kasparov y luego enfrentarse a Karpov por el título mundial, pero no tuvo chances, Kasparov tenía más energía y, en la parte ajedrecística, su preparación en las aperturas era de un nivel muy superior.

El match de revancha con Botvinnik, una obsesión

Smyslov dijo una vez: “tienes que estar siempre listo para operaciones de combate cuando estás disputando el título mundial. Tuve esa sensación de que todo el mundo se levantó contra mí después de que gané en 1957. Era yo contra el mundo. Por lo tanto, no pude relajarme y gozar de la vida; mi corazón no estaba tranquilo. Eso puede explicar por qué estuve flojo contra Botvinnik en el match de revancha, y no solo porque estuviese enfermo. Quizás mi espíritu perturbado fue la razón por la que me enfermé, para empezar. Cuando perdí se le dijo a todo el país que al campeón del mundo se le habían subido los humos, que no tenía los pies sobre la tierra, y que no me preparé adecuadamente. Sabes como es en Rusia. Pero, en realidad, estaba enfermo, verdaderamente enfermo, y tuve que jugar un número de partidas con fiebre”.

Botvinnik, por su parte, tras perder en 1957 dudaba sobre si jugar en 1958. “La cuestión era si era capaz de recuperar mi título, llevé a cabo infinidad de análisis, junto a un programa de preparación, pero pasé muchísimo tiempo antes de tomar la decisión final”.

Botvinnik comentó que recibió mucha presión para que no jugara, y también ánimos para que sí lo hiciera. Lo decidió al analizar el match perdido, y al recibir el libro del match de Golombek con un prólogo de Smyslov. Allí percibió que Smyslov estaba demasiado confiado, creía que esa era una debilidad fatal.

“Smyslov estuvo dolido por su derrota en el match de 1958 durante décadas después. Volvía al tema de comienzos de la primavera de 1958 a cada oportunidad posible”.

Algo similar ocurrió con David Bronstein y el match con Botvinnik de 1951.

“¿Para qué quiero un millón de dólares?”

Esa fue la respuesta de Sosonko a una sugerencia de Smyslov relatada en el libro; el diálogo comenzó así: “Escuché que tienes un don para escribir, Genna. Todo el mundo alaba tu último libro, se dijo que fue…”.

- “No sé si tengo un don, pero te di un libro el año pasado, Vasily Vasilievich”.

- Cierto, Nadine me leyó algunas historias, pero ahora su visión también está decayendo… Te diré una cosa, Genna, escribes sobre ajedrecistas. ¿Por qué no intentas escribir sobre otro campo? Escuché que una mujer norteamericana escribió algo –ni siquiera era escritora- ¡y recibió un millón de pago! Tú podrías también ganar un millón, Genna. ¡Sé valiente! ¡Inténtalo!”.

Sosonko le contestó que para qué quería él un millón de dólares, y pasaron a otro tema.

“Los años finales”

Así se titula la tercera y última parte del libro. Me asombró que a sus más de 80 años Smyslov estuviera interesado en todo y tras analizarlo tenía opinión sobre casi todo, eso sí, solo en privado con su amigo Sosonko, no en público.

Después me di cuenta de que no era tan extraño. Najdorf era exactamente igual, así fue toda su vida, le interesaba todo y tenía opinión propia, la diferencia de carácter con Smyslov se notaba en que Najdorf decía en público lo que pensaba, daba consejos, etc.

En esa última parte Sosonko destaca la adoración que sentían entre sí el “Sr. Smyslov” y la “Sra. Smyslov” (se llamaban así entre ellos), Smyslov hablaba de todo, pero sus temas principales, además del ajedrez, eran sus composiciones artísticas (hizo más de 100) y sus gatos.

Es un libro maravilloso, lamento no poder contar más la visión cándida de Smyslov sobre diferentes temas históricos, jugadores, etc. por problemas de espacio.

Veamos dos ejemplos sobre ajedrez: Entre las muchas cosas que hablaron el 30 de noviembre de 2004 está este diálogo, donde Sosonko, como sucede muchas veces en el libro, solo reproduce lo dicho por Smyslov; “¿Qué pasa en el mundo del ajedrez?... ¿Arrestaron a Azmaiparashvili?... ¿De verdad? ¿En la misma Olimpiada?... ¿En la ceremonia de clausura? ¿Qué hizo?… No, Genna, no lo soltarán tan pronto. Esto es serio. Supongo que Zurab pecó de soberbio. ¿Qué dicen las escrituras del falso orgullo? Parece que es muy creído. Esto es serio. Debería arrepentirse, y tal vez le perdonen”.

El 25 de mayo de 2006, en Moscú, Smyslov le dijo a Sosonko: “¿Qué piensas de Topalov? Cuatro de cuatro. Y seis sobre seis en Argentina. Podía haber hecho siete sobre siete. Como Alekhine o Tal. Ganando tantas partidas seguidas, ¡eso es mucho! No recuerdo si alguna vez hice algo parecido. Creo que hubo un Campeonato Soviético, hice cinco sobre cinco o seis sobre seis, no recuerdo ahora. Sí, y luego hice tablas con Alatortsev, mi segundo en ese entonces… ¿Qué hacer con los persistentes rumores de que Topalov tiene una computadora escondida en la suela de su zapato? Ni me molesto en pensar en cosas como esa”.

En la misma charla sobre el millón de dólares pasaron a hablar de otros temas hasta que Smyslov le contó: “…Hace poco encontré una carta de Vladimir Liberzon, que en paz descanse. La Sra. Smyslov escondió esta misiva en particular por alguna razón. Algo que le parecía frívolo. En realidad, Vladimir era un romántico, un hombre muy cándido y honesto – y escribió sobre su enamoramiento de una hermosa mujer a la que estaba cortejando, ella había ido a Israel desde Polonia. Vladimir estaba desconsolado, porque el amor solo no basta. Las mujeres son criaturas calculadoras. A veces necesitas dos millones. Así que ya sabes para qué necesitas un millón de dólares, Genna”.

Veamos uno de sus magníficos triunfos en los matches de Candidatos de 1983.

GM Zenón Franco Ocampos

Ponteareas, 2 de agosto de 2023

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