Encuentran inexactitudes en estudio contra maíz GM

El estudio dirigido por el francés Gilles-Eric Seralini, publicado el pasado miércoles en la revista Food and Chemical, en el que se apuntan riesgos de salud por el consumo de maíz genéticamente modificado (GM), ha sido fuertemente criticado por la comunidad científica, según la fundación Antama.

Los expertos afirman que el estudio publicado contiene inexactitudes científicas que inducen al resultado obtenido, señala Alfredo Zamora, de la Fundación Antama, de España.

Añade que el estudio analiza los efectos del consumo de un maíz GM cuya seguridad ya ha sido evaluada y confirmada en repetidas ocasiones por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

En países como Estados Unidos se llevan más de 20 años consumiendo organismos modificados genéticamente, sin que se haya detectado ningún efecto adverso. La información detalla algunas de las inexactitudes científicas del estudio de Gilles-Eric Seralini que la comunidad científica ha criticado. En primer lugar, que el análisis estadístico es cuestionable o incorrecto. El tamaño de la muestra es demasiado pequeño y el grupo de control es inadecuado para extraer conclusiones generalizables.

Agrega que el maíz como única dieta alimenticia de las ratas no es un punto de análisis realista. Además, el estudio no indica la cantidad de maíz con que se alimentó a las ratas durante el estudio.

En tercer término, dice que el informe no sugiere que los efectos tumorales en las ratas fueran causados por la ingesta de maíz modificado genéticamente.

Otra crítica es que la elección del tipo de rata usado para el experimento es inadecuada. “Las ratas usadas son muy propensas a sufrir tumores cuando no se les limita la ingesta de alimentos”, destaca.

En algunos medios se habla de que el 86% de las ratas macho y el 72% de las ratas hembra sufrieron tumores dos años después de empezar a alimentarse con maíz modificado genéticamente. Estos datos no aparecen en ningún punto del estudio, cuestiona.

Enfatiza además que en el trabajo no existe un grupo de control adecuado, por lo que los resultados no son extrapolables.

La publicación de Zamora puntualiza que el estudio se proclama como el primero en analizar los efectos del consumo de maíz modificado genéticamente en animales, algo que es falso. “El estudio no hace referencia alguna a los cientos de informes científicos que demostraron que el consumo del maíz modificado genéticamente no alberga ningún riesgo adicional al del maíz convencional”.

Más adelante indica que los datos que sustentan las conclusiones del estudio no han sido difundidos. Desde un punto de vista científico esto sugiere que hay algo que esconder en la metodología.

“El estudio debía haber sido validado por la comunidad científica antes de su publicación, paso que el equipo francés rechazó acudiendo directamente a los medios de comunicación”, manifiesta.

Los investigadores científicos involucrados en el trabajo tienen una larga trayectoria en la lucha contra los organismos modificados genéticamente, advierte. “El equipo que ha realizado este estudio está financiado por minoristas franceses y organizaciones no gubernamentales contrarias a esta tecnología, con estrechas vinculaciones a Greenpeace, el sector productor ecologista y a la política nacional”.

El lanzamiento del informe a los medios coincidió con una protesta de ecologistas en Bruselas, pidiendo una reforma de la alimentación. Este panorama sugiere una intencionalidad de impacto mediático, dejando la rigurosidad científica de lado, añade.

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