“La cumbre va a ser en cierto modo menos previsible que antes”, apunta el analista de Carnegie Europe y exembajador de Eslovaquia en la Alianza, Tomas Valasek.
A partir del martes, los mandatarios de los 29 países de la Alianza se darán cita en un Londres en plena campaña electoral para una reunión marcada por las recientes críticas del gobernante francés Emmanuel Macron a una OTAN, a la que calificó de estar en “muerte cerebral”.
“Estas declaraciones sólo convienen a las personas como tú, que están en estado de muerte cerebral”, le respondió el viernes el presidente Recep Tayyip Erdogan, aumentando la tensión.
Y es que Macrón, además no ha dudado en mostrar sus críticas a las acciones del aliado Turquía contra los kurdos, ayudados por miembros de la OTAN, en la guerra civil en Siria.
Las declaraciones del galo cayeron como un jarro de agua fría cuando los aliados se disponían a festejar las siete décadas de Alianza, nacida de los escombros de la Segunda Guerra Mundial y clave para la seguridad del continente europeo.
La cumbre, que debía confirmar los éxitos de la Alianza en una breve declaración y su apuesta por el espacio, servirá para lanzar un proceso de reflexión sobre su futuro.
El aporte de los aliados estará también en el tapete, ya que Estados Unidos pide a sus aliados mayor apoyo económico a la Alianza, donde Washington es el gran aportante financiero.