Se trata de la festividad más importante del año para los israelíes, en la que recuerdan, según la fecha del calendario hebreo, la creación del Estado en 1948 y que tiene, en la práctica, una única norma: nadie se queda en casa.
Año a año incontables familias se trasladan en masa a playas, bosques, lagos y parques, tanto pequeños, de barrio, como enormes parques nacionales, para pasar la jornada al aire libre y celebrar el único día que religiosos y seculares festejan por igual.
Por eso la postal de las calles de todo el país vacías, con controles policiales en lugar de niños correteando, con ceremonias vía internet y mensajes protocolares grabados con anticipación en lugar de gigantescos eventos donde extraños se abrazan emocionados y sin mascarilla, resulta muy chocante para una población acostumbrada a celebrar a toda orquesta su mayor fiesta nacional.
La decisión del Gobierno de imponer un toque de queda, desde la tarde de ayer y hasta esta noche no cayó bien en muchos sectores de la sociedad, que ven como el país desescala rápidamente una cuarentena que ya solo existe para los más precavidos, y teniendo en cuenta que Israel registra hasta el momento tan solo 212 muertes por la covid-19, cuya peor fase ya se ha dado por concluida.
“Gracias por su dedicación, su resiliencia y por ser como son. Les deseo a todos un año feliz y con salud, en el que podamos disfrutar cada momento de la normalidad israelí que tanto extrañamos. No tenemos otro país, no tenemos otro pueblo. No hay nadie como ustedes”, expresó el presidente, Reuvén Rivlin, en un discurso televisado, que formó parte de una ceremonia grabada con anticipación y que no contó con el tradicional reconocimiento a soldados destacados sino que se enfocó en agradecer el esfuerzo de los médicos que luchan día a día contra la pandemia.
Otra de las tradiciones afectadas por el virus que causa el covid-19 fue el habitual sobrevuelo de múltiples aviones de combate y helicópteros que, sincronizados, realizan año a año coreografías en los cielos de las principales ciudades.
En esta ocasión, a pesar de la petición del público de que la particular exhibición se cancelara completamente y se invirtiera ese dinero en cuestiones más urgentes, el Ejercito decidió mantener la costumbre aunque con solo cuatro aviones de entrenamiento que sobrevolaron hospitales de todo el país para agradecer “el esfuerzo de equipos médicos y el sistema sanitario, que están luchando la guerra contra el coronavirus”.
Más allá del dramatismo de los discursos, de la épica de las comparaciones y la molestia por la cancelación de celebraciones, el clima reinante en Israel no fue de frustración o tristeza, como lo fue ayer con el luto por el Día del Recuerdo de los Caídos, sino uno de incipiente optimismo.
Entre la noticia de que la cifra de recuperados superó por primera vez la de aquellos aún en tratamiento, el país intenta, en su Día de la Independencia, librarse del mal recuerdo y comenzar a crear el Israel poscoronavirus.