PARÍS (AFP). Aquella a epidemia de gripe A (H3N2), detectada a mediados de 1968 en Hong Kong, dio la vuelta al mundo en un año y medio, matando a un millón de personas.
“La gente llegaba en camilla, en un estado catastrófico. Se morían de hemorragia pulmonar, con cianosis en los labios, completamente grises. Había de todas las edades, 20, 30, 40 años y más”, recordaba el infectólogo Pierre Dellamonica en 2005 en el diario galo Libération.
Los cadáveres se amontonaban en “hospitales y morgues” durante el pico de la epidemia en Francia en diciembre de 1969, explica el historiador especialista en cuestiones sanitarias Patrice Bourdelais.
Pero entonces la pandemia no copó títulos, el Gobierno no tomó ninguna medida y no hubo siquiera una alerta sanitaria.
¿Cómo explicar semejante placidez? En esa época, el entorno médico, los dirigentes, los medios y la población en general tenían una fe casi ciega en el progreso médico, como las vacunas y los antibióticos milagrosos, que habían funcionado por ejemplo con la tuberculosis, según este experto.
Además, la sensibilidad a la muerte no era la misma que hoy en día: “Las 31.000 víctimas de la gripe de Hong Kong (en Francia) no crearon ningún escándalo, incluso pasaron varias décadas desapercibidas”, comenta el historiador. Hubo que esperar a 2003 y los trabajos del epidemiólogo Antoine Flahault para conocer esa cifra.
Para el geógrafo Michel Lussault, la aplastante importancia que cobró la pandemia de la covid-19 refleja “la envergadura de los grandes cambios de la globalización”, con una movilidad internacional extrema para las mercancías, las personas y la información.
El infectólogo Philippe Sansonetti opina que estas enfermedades emergentes infecciosas son enfermedades que denomina “Antropoceno”, la época en que la incidencia de la actividad humana en la Tierra se vuelve preponderante.
La pandemia del covid-19 cuenta una historia en tres episodios: un “salto de especie” con el paso del coronavirus del murciélago al hombre; un “desbordamiento”, con el contagio de un hombre a otros, y una “tercera etapa que tiene que ver con la explosión del virus debido a la acción del hombre en el planeta, mediante los transportes intercontinentales”, indica.
En 1968 y 1969, el virus de la gripe A (H3N2) tardó varios meses en pasar de Asia a Estados Unidos y Europa.
Esta vez, bastaron unas cuantas semanas.