Fusión natural

María Eugenia Yegros cerró el 2014 con su colección de cuadros y cuentos titulada “Humo, miel y ka’a”. La obra fue lanzada en Centro Cultural El Cabildo y tuvo muy buena recepción. Actualmente, sigue en exposición un local céntrico. Conversamos con la pintora.

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La artista forma parte de la Asociación de Descendientes de Próceres de Mayo, nacida en el año del Bicentenario. Desde esa fecha busca permanentemente información en los archivos de Historia, y así se fue interesando cada vez más en la cultura indígena. María Eugenia es arquitecta de la vieja escuela, “cuando para ser arquitecto tenías que saber dibujar y pintar”, asegura. Antes de la facultad, estudió 5 años en la Escuela de Bellas Artes, bajo la dirección de Roberto Holden Jara. No obstante, dice que su creatividad y amor al arte le viene de familia. Su mamá fue una de las precursoras en casas de decoración, mientras que su papá era rotario, escribía poesías en guaraní y artículos en la prensa. “En el 63 fundé la academia literaria de mi colegio, el Teresiano. Y mi primera exposición como pintora fue en el 68; era una muestra colectiva. Con unos artistas jóvenes expusimos en el Hotel Guaraní, que en aquel entonces tenía una galería muy importante. Pinté unas campesinas. Siempre me gustó lo figurativo, nada abstracto”.

María Eugenia toma los talleres literarios de Dilma Pardo de Carugati y Estela Maris Blanco de Saguier. Su última exposición picto-literaria puede apreciarse en Turista Róga, Palma entre 14 de Mayo y Alberdi.

–¿Seguís trabajando como arquitecta?

–Sí, proyecto y construyo. Paralelamente, mi relax es pintar y escribir, algo que me transporta.

–¿Por qué uniste pintura y escritura?

–Porque a medida que iba leyendo Historia, empecé a imaginar otras historias. Quise plasmar ambas cosas.

–Son cuentos sencillos y breves, ideales para los niños.

–Es la idea, pero también son para adultos. Mediante estos relatos, que no tienen moraleja, me gustaría que los niños aprendieran algo de nuestros ancestros y su maravillosa cultura, y no que se queden pensando que el indio es el que pide limosna en las esquinas, como desgraciadamente ocurre.

–¿Cómo describís tus cuadros?

–Son cuadros al óleo y tienen agregados naturales, como el aplique de un tejido de telar hecho por los propios indios, con telas de palma de karaguata, tienen semillas adosadas, también plumas de pájaros. Son tridimensionales. Podés ver, por ejemplo, una india luciendo aros de semilla hechos por los toba qom.

–¿Tuviste algún contacto con comunidades nativas?

–Sí, varias veces. Yo fui fiscal de obras de la Senavitat, y me tocó fiscalizar viviendas para los toba qom en Villa Hayes. Ahí conocí muchísimo de su forma de vivir, sus clanes, cómo interpretan la democracia, las religiones. Los guaraníes abarcaron casi toda América, porque fueron creando lazos de parentesco a través del casamiento de sus mujeres. Esto lo narro en “La india Juliana”, cuando la princesa Yasy es entregada a un español, específicamente Martínez de Irala, quien se casó con 35 indias. Y aunque los españoles los trataban como esclavos, los indios se sentían parientes; por eso no agachan la cabeza.

–¿Por qué resaltás el humo, la miel y la yerba?

–Son las tres cosas que nunca faltan en la tava (aldea). En un relato que hago, una madre india consigue que una mona le devuelva a su bebé a cambio de miel.

–¿Se puede decir que hay una moda étnica en este momento?

–Más que moda, creo que hay ONG que están trabajando y ayudando a los indígenas. Entonces están ocupando un espacio artístico y comercial. Eso sí, no es fácil negociar con ellos, porque tienen una mentalidad de trueque, pero su arte es indiscutible. Ya los jesuitas los describían con capacidad para la música y la pintura. En el cielorraso, sobre la cúpula de la iglesia de Yaguarón, están todos los rostros de los indios que trabajaron ahí.

–¿Qué te comentaron los que vieron tu obra?

–Me dijeron que la fusión les pareció muy creativa.

–¿Sigue siendo difícil surgir como artista plástico en nuestro ambiente?

–Noto que hay mucho vedetismo y lapidación del que no está dentro de un grupo de élite, y no se dan cuenta del daño que hacen al frustrarle a una persona. Pero esto pasa en el mundo entero, es un ambiente muy competitivo. Mi fórmula es no rendirme y seguir trabajando, puliéndome. Aprendí a no bajonearme, a decir “soy una persona, procuro y esta es mi expresión”.

–¿Qué planes tenés para el 2015?

–Estoy escribiendo una novela de hechos reales: “La década del 60 y el club 05”. Yo viví ese tiempo, cuando un grupo de jóvenes queríamos llevar nuestra juventud sin el estigma de la dictadura. Luchábamos para ser libres. Hoy, a pesar de la democracia incipiente, minúscula que tenemos, la gente puede pintar, decir, escribir; estamos 100 pasos más adelante que hace 20 años.

–¿Te quedaste conforme con tu última obra?

–Aunque siempre queda algo pendiente, sí me quedé conforme. Estoy enamorada de mi obra.