Como sociedad sentimos hondamente la muerte Brunito, tanto como la de un hijo. Por supuesto, no está de más resaltar el acompañamiento que tuvo este niño de sus padres que día y noche durante estos 5 años batallaron junto a él. Excelentes papá y mamá que permanecieron unidos y dándose fuerza como matrimonio, como familia.
El lado crítico también estuvo presente, pues, algunos cuestionaron que no solo Brunito sufría un deficiente sistema de salud pública, sino miles de niños que cada día luchan por su vida. Es verdad, pero aquí no hay ninguna competencia, la vida de todos los niños tiene exactamente el mismo valor. No somos médicos y probablemente ninguno de ellos descubrirá públicamente, en este caso puntual, cuáles fueron las mayores falencias y carencias. Lo que sí es verdad es la falta de conciencia en la población todavía sobre la donación de órganos. Vale recordar que para ser donantes no basta desearlo o ser obligado por ley, lo principal es ser una persona con órganos sanos. Es nuestra obligación con la vida cuidarnos y así al morir podamos dejar órganos útiles para que otras personas prolonguen su existencia.
Bruno Martínez tenía solo 5 años de edad, pero vivió tanta sabiduría como pocos que llegan a los 100. Su breve paso por el mundo, vivió rodeado del amor de su familia, de sus compañeros y maestros de escuela, de amiguitos de toda edad y aún desconocidos. No cabe duda, para los creyentes, que Brunito es un ángel que, como premonitoriamente anunció con un dulce jopará “ko’ero o’je arreglatama la che problema”.
Todas las partidas de seres queridos son dolorosas, hemos visto a su madre llorando con inconmensurable dolor la partida de su pequeño. Ambos padres recomenzarán su vida con Brunito acunado para siempre en su corazón y memoria, hasta el reencuentro.
El amiguito de Dios se ganó a cabalidad el amor sincero de personas comunes y artistas, futbolistas, policías, bomberos, no por compasión, no por su enfermedad, sino por su manera de expresarse, por regalar en cantidad generosa buenos sentimientos. Nos deja un testimonio humano invalorable. Brunito fue un maestro. Ojalá sepamos tomar para cada uno, tan solo un poquito de la enseñanza de cómo vivir que nos dejó este niño. Y a la vez, no olvidar cuánto nos queda trabajar la conciencia y la organización ciudadana para mejorar la salud pública. De ahora en más, Brunito en nuestro recuerdo y un gran respeto a los padres que vivirán su duelo.