Nuestra aliada, la microbiota

Entender qué es la microbiota y mantenerla en equilibrio garantiza salud y un envejecimiento saludable. Un experto en el tema explica este y otros de sus beneficios.

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La microbiota la componen seres vivos diminutos como los virus, bacterias, hongos y parásitos que conviven con nosotros; estos están ubicados sobre la piel, en la boca, en el estómago, intestino, ombligo y también en el pie, en fin, en todo el cuerpo, explica el doctor Pablo Ramón Peña Báez, médico especialista en medicina ortomolecular y máster en microbiota humana, quien recientemente lanzó el libro Microbiota. El nuevo órgano.

El experto señala que la ciencia descubrió en los últimos veinte años que estos interfieren enormemente sobre el cuerpo, algo que antes no se sabía; antiguamente se creía que solo estaban allí y no molestaban, pero los descubrimientos actuales apuntan a que son fundamentales para el equilibrio del cuerpo y la salud.

Según la definición científica oficial y actualizada, los probióticos “son organismos vivos que cuando son suministrados en cantidades adecuadas promueven beneficio en la salud de quien los recibe”. Estas bacterias u hongos se consumen generalmente en cápsulas o ampollas bebibles y se consiguen en farmacias. Se utilizan por un determinado tiempo y la Sociedad Mundial de Gastroenterología actualizó su última guía en el año 2017, con indicaciones precisas para cada cepa, explica el doctor Peña y agrega que en los últimos años se han realizado más estudios con nuevas bacterias. Hasta se habla de psicobióticos que ayudan al cerebro u oncobióticos que ayudan al tratamiento del cáncer y otros más, dice el experto y señala que aún se sabe muy poco, pero se va conociendo cada día más sobre el tema.

“Si nuestra microbiota está en equilibrio, entonces garantizamos salud y envejecimiento saludable, ese es su mayor beneficio”, enfatiza.

Probióticos en la dieta

El profesional destaca que no se debe confundir alimentos probióticos con alimentos fermentados; para un mejor control se estableció que para ser denominados probióticos deben contener una cantidad de bacterias mínimas y estudios que demuestren efectividad ante una enfermedad.

Nuestra cultura conoce poco de alimentos fermentados, dice y cita a la chicha entre los más conocidos en Sudamérica; en Alemania se consume el chucrut realizado

del repollo fermentado, en Bulgaria el kefir de leche –similar al yogur–; en oriente están el kimchi o la kombucha y estos sí son alimentos fermentados que se pueden consumir diariamente, pero no pueden ser reconocidos como probióticos.

“Entonces podemos consumir alimentos probióticos (en Paraguay no existe ninguno reconocido correctamente) y también alimentos fermentados una vez al día, para conseguir un equilibrio a nivel intestinal”, aclara.

Están recomendados para todas las personas, pero el especialista indica que, al fermentar, muchas veces se genera un porcentaje ínfimo, muy bajo de alcohol. “Recordemos que el vino es el fermento de la uva o la cerveza el del trigo, con lúpulo y cebada, entonces el kefir de agua y la kombucha recomendamos evitar en el embarazo y niños menores de 5 años”, recalca. Los diabéticos, hipertensos, pacientes oncológicos, quienes estén con enfermedades autoinmunes, obesos en general sí podrían consumirlos.

Sabemos hoy en día que un paciente con diabetes u obesidad se encuentra en un estado inflamatorio. Se denomina inflamación crónica de bajo grado y sabemos también que la microbiota desempeña un papel fundamental en esta inflamación, comenta el médico. Este estado inflamatorio aumenta con la edad y esto nos enferma; por ello, mantener un estado de eubiosis o equilibrio nos ayuda a estar sanos.

Protocolo de las tres “R”: retirar, reparar y reinocular

“En los últimos diez años vengo trabajando, en colaboración con otros profesionales, en un protocolo que ayude a reparar la salud intestinal”, explica el médico y añade que lo aplican a diario en Masquelier Medicina Integrativa, clínica que dirige.

Dicho protocolo consiste en retirar los factores que puedan ocasionar daño al estado de equilibrio del intestino (como el agua con cloro, alimentos ultraprocesados, hongos, bacterias, entre otros), luego reparar ese equilibrio con fitoterápicos y vitaminas, y por último reinocular el mismo con alimentos fermentados y probióticos.

El doctor asegura que se trata de algo simple que varios profesionales están utilizando como una herramienta más a la hora de tratar al paciente. Este tratamiento es algo muy personal y solo se debe hacer con acompañamiento médico y nutricional. Un ejemplo de lo que se suele retirar son alimentos ultraprocesados (colorantes, acidulantes, aromatizantes), exceso de azúcar, almidón, edulcorantes. También analizan mediante un examen de sangre qué proteínas están generando una reacción inmunológica mediada por IgG (inmunoglobulina G) y no se trata de alergia, sino de qué proteína está pasando la barrera intestinal generando inflamación y, dependiendo del caso, se retiran huevos, leche, trigo, maní, maíz, almendras, mariscos, entre otros alimentos conocidos como proteínas de alto peso molecular –que muchas veces generan daño, pero la mayoría de las veces no–.

En cuanto a la fase de reparar, señala que en esta instancia la estrella es la fibra que proviene de verduras y frutas, pero también de los cereales y legumbres y son fundamentales para producir ácidos grasos de cadena corta, como el butirato –que ayuda a reparar los enterocitos y colonocitos (células del intestino)–.

Por último, al reponer o reinocular se recurre a los fermentados y los probióticos, en la búsqueda del estado de homeostasis o equilibrio.

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Fotos: Gentileza.

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