Mascotas y las locuras de amor

La compañía de las mascotas, más allá de una moda, es una realidad edificante para muchas personas, sobre todo en la pandemia. Cada día aprendemos más sobre la importancia de los animales domésticos en nuestra vida y nos volvemos mejores humanos. En la alegría y en la tristeza: nuestros compañeros incondicionales.

Mascotas y las locuras de amor
Mascotas y las locuras de amorgentileza

Las mascotas no son humanos, pero con el tiempo, respetando las características de cada especie, se ha logrado una convivencia muy armónica. Compartimos cuatro casos de miles de esta relación de total afecto y compañerismo. Estas son las historias de animales que marcan la vida de sus dueños o de sus “papás y mamás” de corazón. A veces se hacen locuras de amor.

Huéspedes de lujo

Margaret Lean Cole es uruguaya, hoy vive en Buenos Aires donde abrió un hotel boutique para gatos (Espacio Gatos). Cuenta que el sueño de este emprendimiento la acompaña desde niña. Su mamá es paraguaya, de San Ignacio, Misiones. “Tengo toda la familia de mi madre en Paraguay”. Apenas recibida de veterinaria en la Universidad de Buenos Aires decidió venir a vivir a Paraguay, “estuve 3 años desde el 89 hasta el 91”. En nuestro país trabajó en el campo de sus parientes. También ad honórem en la Universidad de Asunción y en el Centro de Inseminación Artificial-San Lorenzo. Luego, ya con sueldo, en una distribuidora y un laboratorio. Tras regresar a la capital porteña se dedicó al boom de la informática, rubro que si bien le gustó, no borró jamás el sueño del hotel para gatitos. Espacio Gatos ya lleva 4 años, nace en la misma casa de tres niveles de Margaret; un hotel donde se puede dejar a los gatos en casos de familias que se ausentan por vacaciones.

Pero también hay felinos que permanecen hospedados con todas las comodidades hasta 1 año, cuando la familia, por ejemplo, emigró y necesita establecerse antes de mandar buscar a su mascota. El hotel tiene de todo un poco en sus jardines y salas. “Tenemos además suites privadas con balcón para alojar a gatos con alguna enfermedad o que no cumplan con todos los estrictos requisitos sanitarios que seguimos para preservar la salud de nuestros huéspedes”.

Margaret vivió otra época, “antes el perro era perro y vivía afuera de la casa, con suerte algunos adentro. Y el gato deambulaba de aquí para allá y no se le daba el mínimo cuidado. Hoy los millennials son los principales clientes de nuestro hotel, cuidan a sus gatos como hijos, y buscan nuestros servicios como si buscaran el mejor jardín de infantes. Posiblemente en Paraguay pase lo mismo con esta generación”, menciona.

En el hotel, la oficina de Margaret tiene una camita para que ella duerma, hay un baño, una kitchenette, un botiquín de urgencias y gatitos por doquier. “Me encargo yo misma de toda la supervisión, por eso no pienso abrir más hoteles, es una gran responsabilidad. Aquí comencé de cero, con el apoyo de la señora que limpiaba mi casa, mis hijos –Joaquín (14) y Valentín (12), quienes todavía me ayudan– y mi marido”. Margaret tiene, por supuesto, además de los gatitos huéspedes a Sofi (una caniche) y 5 gatos: Thor, Flor, Totó, Valentina y Joaquina, casi todos adoptados. “Ellos pueden circular libremente del hotel a la casa”.

Amantes de felinos

Pulguito es un gato persa himalayo de 2 años, nariz muy chatita y ojos celestes. Su dueño, Martín Aguilar, lo describe con acierto: “Esta raza tiene el pelaje largo y coloreado como un siamés, casi no tiene nariz. En un viaje de Asunción a Ciudad del Este –donde vivo– vi un aviso donde lo ofrecían. Ahí nomás le escribí a la chica y le digo ‘quiero tu gato, ¿cuánto es?’”.

Martín tiene un entrenamiento emocional con los gatitos heredado de su mamá, una gran amante de estos felinos. Llegaron a tener 14 gatos siameses, más otros 10 que tenían colores específicos y alguna peculiaridad. “Te hablo de hace como 20 años atrás. Con el tiempo fueron falleciendo. Ahora mismo tengo a Pompón (un persa de 10 años) y Pulguito, ambos machos no castrados. Martín vive en Ciudad del Este con sus dos gatos. Mientras Pompón no trepa y duerme como un rey todo el día, Pulguito es más inquieto, “tengo todo cerrado en mi casa de CDE, solo una vez salió y lo encontré sentado en la vereda del vecino, pero esta vez de vacaciones en Asunción, Barrio San Vicente, no tuve esa suerte”.

Pulguito está extraviado desde el 27 de diciembre de 2020 entre las 5:45 y las 8:00. También la casa en Asunción está toda amurallada y con alto portón, “no preví que al dejar el coche estacionado en el garaje, podía haber saltado y luego superar el portón y de ahí lograr la calle. Yo creo que siguió a un gato de la vecindad que merodeaba por la casa”. Martín no ha logrado datos concretos sobre su gatito y continúa buscándolo con tesón.

Su “locura de amor” es ofrecer una recompensa de G. 3.500.000. “Ya he pegado como 300 afiches; me llaman a preguntar si es cierto lo de la plata, y claro que sí. Estoy destrozado, no puedo dormir. Lo busco todos los días, sus perseguidas por toda la casa: en el baño, en la compu, pidiéndome upa… por él me quedé más tiempo en Asunción. Desde que él no está, no soy el mismo”, cualquier info a los teléfonos 0971 252-511/ 0981 498-201.

Un misterio sin resolver

Óscar Palacios Larrosa es uruguayo, radicado en Asunción toda una vida, llegó casado con una paraguaya. Marino de profesión, también músico, aquí formó su familia, en la que nunca faltaron los perros. Pirata, un pitbull mestizo, ocupa en su mente y corazón un lugar muy especial; el perro está perdido desde el 8 de julio de 2019, en zona norte de Fernando de la Mora. Todo el mundo animalero y otras personas que no lo son, también escucharon la desesperada búsqueda del perro; fue un caso tan sonado que traspasó fronteras. Óscar llegó a hablar con medios internacionales interesados en la historia de Pirata, que a la vez desató un picante debate entre distintos foros.

Después de más de un año y medio, Pirata sigue en algún lugar desconocido y Óscar, cerca de los 80 años, ha resistido en la esperanza. Otros perros han llegado a su vida, pero afirma que aunque los ama entrañablemente, no son Pirata y que nadie llena su lugar. Para quien logre proveer datos certeros o entregar al perro, hay una recompensa de G. 7.000.000. “Dentro de mi padecimiento, me comunico mentalmente con Pirata, la angustia de no tenerlo permanece y cala cada vez más hondo, pero aquí lo espero”. Hasta le dedicó un poema del que recogemos algunos versos:

¿Por dónde andarás, mi amigo? / Que mis ojos no te vieron / Te vio la luna en las noches / Tu tristeza en el sendero

Al ir aclarando el día, / te vio el Lucero encendido / ¿Qué estrellas estarás buscando? / ¿Por dónde estarás, amigo?

¿Por dónde andarás, mi perro,/ con tus penas caminando? / ¿Por qué senda habrás rumbeado / que no pudimos encontrarnos?

¿Por qué Dios te condenó / A vivir en el destierro? / Estoy rogando un buen cielo / ¡Pa’cobijar a mi perro!

Explica con pesar “aún llevo en un maletín en el baúl de mi auto, sus pocas cosas que tenía. Su sábana, su frazadita, sus correas, su pelota de fútbol, su plato, su frasco con su comida y hasta sus galletas. Siempre con la eterna esperanza de encontrarnos y darnos un abrazo.

Si alguien sabe de él, favor avisar al 0986 529- 289.

Maltratos nunca más

Nicolás Latourrette Bo es un conocido mecenas y amante de los animales, con especial sensibilidad hacia los que portan historias difíciles. El año pasado, en plena pandemia, el caso del perro apodado de socorro Shelby fue muy mediático, tanto por la crueldad con que fue hallado, atado y arrojado a un baldío, como por su final plenamente feliz. Hoy es Constantino y dio un giro de 180 grados en su vida.

Un consejo de su abuela sembró en Nicolás un mandato de por vida: “Si llega un animal a tu casa, recibilo”. Es decir, dejar que la vida fluya, ayudar, comprender las necesidades de los animales. “Siempre viví rodeado de animales. No sé si es pasión, más bien es tratar de que por lo menos uno más no sufra. Recuerdo que mi papá nos regaló dos perros policía, y después teníamos otros que encontrábamos en la calle y que se quedaban en casa por unos días y se marchaban. Mi abuelo sí llegó a tener, allá en su quinta sobre Félix Bogado y 18 de Julio, 20 perros, de todo tipo, nunca compramos de raza. También recuerdo los muchos que llegaban a la oficina de Montevideo y Piribebuy, porque se les daba de comer.

Nicolás aclara que creció con el concepto de que los perros estaban en el patio, tenían cucha o papel diario para acostarse. Pero los tiempos cambian, hoy sus 6 perros viven adentro de la casa: la alfa Eloísa (7); Marcela, muy linda, parece un zorro (5, llegó preñada, tuvo 8 crías, todos ubicados); la peludita y pequeña Tatiana (4); Giuliano, el labrador chocolate que le regalaron (8), y el mayorcito Lucas (12, casi sin dientes ya), rescatado justo antes de la pandemia. Finalmente, el más mediático, Constantino (5). “Siempre quise que estuvieran conmigo adentro, Patricia Louro se encargó de entrenarlos. Un perro entrenado es un placer”.

Para Nicolás, todo empieza desde el habla, “no los llamo ‘delmer’ ni ‘callejeros’ –para mí– son mestizos, criollos”. Los perros Latourrette Bo son orgullosamente animales, no usan ropas ni perfume, nada de cosas para humanos. Hacen cinta para mantenerse en forma. Los viernes comen extra un bife cortadito y desayunan con él. “Casi siempre acaban comiendo todo mi queso y jamón… y yo me quedo con el café (risas). Toman dos baños semanales, uno en seco y si hay buen tiempo, otro mojado. A la mañana van a la guardería de Patricia, donde, por ejemplo, Constantino sigue aprendiendo socialización para poder estar con los otros perros; hasta el momento es bravo. “Recuerdo cuando lo fui a buscar por primera vez, cuando lo rescaté, me dijeron ‘tené cuidado porque es malo’. Se sentó conmigo en el auto y lo primero que hizo fue poner su cabeza sobre mi hombro, tan agradecido.

Una de sus mascotas, Gonzalo –que ya pasó a mejor vida–, se ha eternizado en una escultura de Gustavo Beckelman en el Museo de Arte Sacro donde es considerado un símbolo.

Respecto a su “locura” cometida, Nicolás piensa y contesta: “Una vez viajé y al regresar mi perro me ignoró por 5 días. Por él dejé de viajar durante 5 años. Increíble”.

lperalta@abc.com.py