El desafío de trabajar con los atletas en familia

Una lesión en la rodilla llevó al futbolista Eleazar Inostroza (69) a dedicarse de lleno a la fisioterapia y kinesiología en clubes de alto rendimiento. El percance lo llevó a dar un giro radical en su vida y actualmente sus cinco hijos optaron por carreras relacionadas a la salud y los deportes. Tres kinesiólogos, un médico y un odontólogo.

Los Inostroza, una familia dedicada a la salud.
Los Inostroza, una familia dedicada a la salud.Gustavo Machado

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El chileno Eleazar Inostroza tenía 21 años cuando jugaba en un pequeño club de su pueblo natal Los Ángeles, ubicado a los pies de la majestuosa cordillera de los Andes, en Chile. Desde 1980 está radicado en Paraguay, donde vive con sus cinco hijos, Antonio, César e Ilia, chilenos, y Felipe y Bastian, paraguayos.

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La familia Inostroza se dedica hace varios años a la rehabilitación de deportistas en los clubes con atletas de alto rendimiento. Los pasos de Eleazar fueron seguidos por sus hijos Ilia, César y Antonio, mientras que Felipe se dedica a la medicina y Bastian, el menor es odontólogo.

El de mayor experiencia...

“Tuve la necesidad de someterme a una cirugía de rodilla y desde ese momento empezó a interesarme todo lo que se refiere a la recuperación física. Fui atendido por un profesional que me alentó y de ahí no paré en perseguir mi sueño”, empieza relatando Eleazar.

El primer salto lo dio en un gimnasio, uno de los primeros que existió en nuestro país, donde cuenta que tuvo la oportunidad de familiarizarse con todo lo que se relaciona con la preparación física y luego estudiar, práctica que mantiene hasta la actualidad, confiesa.

Con 69 años, Eleazar considera que su día a día como profesional “es una búsqueda persistente de un tratamiento que pueda resultar mejor de lo que hice ayer. Es una constante innovación, para brindarle a cada deportista lo necesario para la recuperación total”.

A quienes acuden hasta él no los ve como simples pacientes. “Las personas que acuden a mí, son pacientes que necesitan que les ayude a superar un problema, de ahí parto que todos son iguales, que necesitarán de mi mejor conocimiento y recibir la mejor atención, mi mayor esfuerzo y mi plena dedicación como profesional.

Trabajar con atletas siempre es un desafío mayor, porque debo tener en cuenta que ese paciente necesita estar bien, en condiciones óptimas para lo que es la competencia”.

Don Eleazar tiene vasta experiencia en el campo deportivo, ya sea por lo vivido en carne propia y su formación misma por la vocación: “En mi trayectoria, que son casi cuarenta años, he atendido muchos casos, difíciles, complejos, por mencionar algunos pacientes con ELA (esclerosis lateral amiotrófica), SGB (síndrome de Guillain-Barré), en deportista, rotura de LCA (ligamento cruzado anterior), rotura de platillo tibial, roturas meniscal y rotura de ligamento colateral interno, pero pese a todo, disfruto de mi trabajo, de mis mascotas y me apasiona escuchar música”.

Apasionada de la kinesiología y el deporte

Ilia, la única dama en la familia, quien se dedica a la rehabilitación deportiva, comenta cómo surgió su vocación: “Lo que me ayudó bastante es que papá ya tenía un recorrido en lo que es rehabilitación y la confianza de mi hermano Antonio fue quien me guiaba día a día en lo que hoy soy.

“Cuando empezamos en cualquier profesión, tenemos lo teórico, pero lo que nos hace verdaderos profesionales es la práctica. Hay que seguir invirtiendo en capacitaciones, realizando cursos, clases, para mejorar el servicio a los demás”.

Madrugadora, arranca a las 06:00 en el gimnasio con varios pacientes deportivos y no deportistas, que siguen su rehabilitación para volver a competir o movilizarse. Por las tardes se dedica a trabajos domiciliarios y culmina por la noche, a las 21:00, aproximadamente. “Tenía un desafío muy grande y personal, el que se reconozca mi trabajo y no por ser hija o hermana de... Eso me ayudó a concretar los sueños”.

¿Cuál es la diferencia de trabajar con profesionales del deporte de los que no son? “Estoy más familiarizada en trabajar con deportistas, ellos vienen de entrenar día a día. Al que no es deportista hay que adecuarlo para que pueda realizar ejercicios, dependiendo de la lesión y/o patología que tenga cada uno. Son trabajos similares, pero con otras exigencias”.

Los casos más complicados que Ilia, de 42 años, pudo tratar son pacientes con patologías crónicas, que llevan años con esas molestias e, incluso, dolores. También se dedica a los posquirúrgicos. “Cuando vamos viendo los resultados en el tiempo esperado que te has trazado y su evolución, sumamos el proceso de trauma que está pasando ese paciente y, si es deportista, peor, porque ellos ya vieron en Google cuánto es el tiempo que demora en curarse su lesión, o su amigo, que en tanto tiempo volvió a jugar.

Es una lucha calmar sus ansiedades, contestando sus preguntas, sus comparaciones con sus pares, atendiendo que no todos los cuerpos son iguales. Los procesos no son los mismos, pueden ser menos o más”.

Para Ilia, cada paciente “es un mundo, trato de que ese periodo que para ellos es doloroso e, incluso, traumático sea un poco más llevadero. Algunos tienen lesiones muy largas y creo que todo depende de la actitud que cada uno tiene y siempre verle el lado bueno a todo lo que nos va ocurriendo. Todas las lesiones, sea cual sea, te hacen mucho más fuerte física y mentalmente. El mejor pago que tengo es cuando las personas vuelven a hacer lo que hacían y me dicen ‘Gracias Ilia, volví a hacer lo que tanto me gusta’”.

Un médico en casa

Para Felipe Inostroza, de 28 años, quien escogió el mundo de la medicina, “la diferencia de trabajar con profesionales del deporte tiene que ver con las metas de los tratamientos y los plazos para llegar a completarlos, siempre más demandantes que en un paciente que no sea atleta o se dedique a algún deporte”.

Cuenta que “los casos más difíciles son todos los pacientes con cuadros severos de neumonía por SARS-CoV-2 que me tocó ver durante la pandemia; el manejo a su ingreso y su seguimiento posterior en su estado crítico fue complicado, pero lo supero con el apoyo emocional de mis seres queridos, algo que siempre llevo presente”.

El más joven de la familia

Bastian, el hermano más joven, decidió inclinarse por la odontología en el que descubrió su capacidad y talento. Con un largo camino aún por recorrer, comenta brevemente sobre sus movidas y anhelos.

“Mis comienzos en la carrera como odontólogo fueron realmente duros y complicados, ya que coincidieron con la pandemia, algo que sin duda marcó a la mayoría un antes y un después en cualquier ámbito de la sociedad. Luego, poco a poco, pude asentarme gracias a la ayuda de mis amigos y familiares”, comenta Bas.

Mi meta es poder ir a estudiar, realizar una maestría en Brasil, lugar donde se encuentran las mejores instituciones de estudio del área, algo que me servirá bastante como una experiencia enriquecedora, formarme con el mejor nivel”.

Ayudando a su padre

Antonio Inostroza empezó como ayudante de su padre en el Club Cerro Porteño. “Empezamos modestamente, con algo pequeño y atendíamos a los jugadores de otros clubes. Hace 21 años se presentó la oportunidad de ser parte del Club Libertad y, más adelante, de la Asociación Paraguaya de Fútbol”, refiere.

Como parte de su rutina asegura: “Lesiones veo todos los días por estar justamente con deportistas de alto rendimiento. Las exigencias son mayores y el desgaste de cada competencia es más alto. Cada caso tiene su complejidad y lo supero cuando cada paciente recibe lo mejor de mí. Hay cosas que no pasan por uno y se nos escapa de las manos, pero siempre hacemos lo posible para la recuperación”.

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