Jacobo Rauskin: Espantadiablos

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LA LOCUCIÓN DE LAS MEMORIAS

Rauskin explora conscientemente las posibilidades expresivas del verso libre, pero no se deja ganar por la opacidad de la atonía; crea un mundo orgánico en que la noción de tonalidad vuelve por sus fueros para convertirse en presencia viva. En su poesía se advierte, asimismo, una búsqueda de romper con las convenciones literarias. Dueño de un estilo muy personal, ha logrado construir y levantar una antena que sintoniza las resonancias de su pueblo, que transpone palabras para encontrar la diáfana luz de la memoria de las locuciones, a la vez que la locución de las memorias. Espantadiablos, el canto de lo cotidiano, nos invita a fijarnos en los seres que nos rodean, en los sucesos ordinarios, en los dramas corrientes de cada día.

El libro se titula como el primer poema. En él nos presenta los males de hoy y de siempre; el foco temático: la muerte multifacética que llega en un asalto, la balacera de cada día, las catástrofes naturales, como el alud, el deslave o el derrumbe, fenómenos que nos sorprenden cada tanto. Los seres humanos somos náufragos en el mar de la vida, necesitamos elevar la vista al cielo y reencontrarnos en el círculo de la amistad, estrechar la mano, oír la voz de lo atroz para encontrar la salvación. Sus versos son amuleto o talismán, son cantos que preservan del mal, y la poesía es un “amuleto en verso”. Espantadiablos crea una red mágica que “puede salvarnos”, el yo poético habla a un tú que le escucha para “celebrar nuestro encuentro” bajo la protección de una “constelación favorable” y de un credo poético: “Creo en el curso de los astros”, “creo mucho más en el abrazo”; el movimiento de los astros, poderosa energía que influye sobre la vida, es menos decisivo que el amor o la solidaridad del abrazo que se necesita para vivir en paz.

LECTOR CONFIDENTE

El filtro estilístico: la profunda realidad que desea transmitir el autor cautiva la voluntad del lector para que se allegue a seguir la trayectoria del caminante. Entre los elementos estructuradores hay un componente filosófico que subsiste semioculto detrás del plan meramente real y que subyuga al lector deseoso de descubrir la gran verdad: “Por qué nadie sabe decir nada”; el autor ha logrado un efecto de intensidad creciente hasta el último verso, que cierra el efecto del plano imaginario para dialogar con el lector y se reclina sobre su propio mundo que aparece como real: “Cielo para seguir sin prisa, pisando el pasto en las veredas de pasto y lejanía”. El poeta considera un confidente al lector u oyente ficticio y lo induce a reflexionar como colaborador inmediato de su creación literaria.

Situaciones reiteradas: la tormenta que agota causa daños; las casas de piedra resisten, pues son bien construidas, fruto de grandes inversiones. Aparece el dólar como signo del poder económico, como seguridad ante la tormenta, como resistencia. Luego, los distintos matices del comportamiento, el viaje enfrentando peligros de todo tipo; el elemento que encadena los versos en su doble juego, la interrogación, como recurso que logra cambiar el cauce, realiza la conexión con el otro momento: lo implacable, “soy un sobreviviente”. Puede ser un caso de polivalencia semántica: ¿sobrevive a la tormenta, a la muerte, a los peligros del viaje? Los versos responden. “A otros les va peor / son fósiles”. Fósiles: criaturas que ya no evolucionan, imagen de lo petrificado, del paso inexorable del tiempo que anula, que envejece, que mengua. Luego dice: “¿Qué hice yo para estar aquí?” Se vuelve reflexivo: “Hice poco, quizá incluso menos”. La figura del caminante recorre “larguísimas calles pacíficas” con árboles florecidos cuyas flores arrastra el viento.

La fusión de imágenes visuales y auditivas crea un todo armónico de fuerza fecundante “con árboles echando flores al viento / y apacibles jardines con música”. El poeta se sumerge en la quietud de los barrios burgueses donde hombres de extracción campesina cuidan de la seguridad de las casas aunque a veces sucede lo imprevisto: un robo o un secuestro rompen la paz en los barrios caros, elegantes.

“Quisiera saber dónde estoy”: el poeta se siente extraño en ese mundo del que no participa. Con el verso “La noche me lleva lejos”, en un avance en tiempo y espacio anochece bajo las estrellas; el adjetivo “amiga” lleva la imaginación a un plano espiritual, un “nocturno”, poesía que surge como anticipación o prolepsis que refuta de antemano que sea tarde para hacer política o para emborracharse. La expresión deja de ser concreta para abrirse a otro plano y el objeto poético se ha convertido ya en puro objeto de contemplación.

INTENSIDAD SIN EUFEMISMOS

Espantadiablos, libro de poesía moderna ambiciosamente autónoma, rehúye la dependencia histórica, pero el poeta no es un asteroide solitario sino que está inmerso en su entorno y en su tiempo, como hemos demostrado en nuestro análisis. Mira y comprende a su pueblo, supera la visión ególatra y vuelca su atención en los otros, combina lo social y lo estético. La denuncia y la ironía agregan factores como el sentido moral a poemas como “Con el dinero justo”, “En la Terminal”, “Habla un marchand” o “Río de flores”, dedicado a Asunción. Versos breves, sueltos, en los que se lee la opción por el lenguaje cotidiano, pero ambiciosamente profundizador. Afirma tener por base la lengua efectiva, los usos activos, imaginativos y valorativos. Atiende de modo preferente a los valores poéticos como valores de gestación formales o constructivos, un hacer del espíritu creador dejando de lado los valores históricos, folclóricos, psicológicos, pero en su órbita caben temas como “El ángel de la fiesta” y la sencilla vida de gente de los condominios o “Percepción de un destello”.

Este libro reúne composiciones breves y austeras en las que el yo poético se expresa con un lenguaje transparente y dialoga en forma directa o indirecta. No falta el sentido del humor en su registro lírico, con caprichosas conexiones que generan un plus inesperado, como en “Un capo del micrófono” o en “Un recuerdo”. El libro fusiona ilusión y realidad, dolor y amor, humor e ironía en una encrucijada paradójica; la intensidad del verso lleva a mirar de frente, sin falso pudor, el sexo en “Sublime simbiosis”, a nombrar sin eufemismos la miseria en “Breve ronda del pan duro”. Espantadiablos es un compromiso con el hombre estérilmente deshumanizado, que revela la profunda sensibilidad del poeta. Este libro, un volumen de poesía del siglo XXI en el Paraguay, se elige como uno de los mejores de nuestras letras contemporáneas.

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