Migue Rodas: “La madurez me hizo vencer totalmente el miedo”

El cantante y compositor paraguayo Migue Rodas.

Tras décadas formando parte de distintos proyectos de la escena local, Migue Rodas decidió exponerse con nombre propio. “El Bucle”, su primer disco solista, reúne canciones escritas a lo largo de más de veinte años y funciona como una reflexión sobre los ciclos que marcan la vida. En una conversación extensa y honesta con nuestro medio, el músico habló del miedo, la madurez, las dudas del proceso creativo, la libertad y el vértigo de firmar una obra en solitario.

Hay artistas que planifican el salto solista como una estrategia de carrera. En el caso de Migue Rodas, fue algo más visceral. “Va a sonar un poco cliché lo que te voy a decir, pero realmente era una necesidad artística”, afirmó durante la entrevista, dejando claro que “El Bucle” no responde a una moda ni a un cálculo.

La decisión tomó forma en un contexto inesperado: el parate de su banda Mocasinos. “Aprovechando el parate… necesitaba descargarme musicalmente”, explicó. Aunque nunca dejó de tocar, la pausa colectiva lo enfrentó a un espacio vacío que debía llenar con algo propio. “La cierta inactividad como banda hizo que yo dé ese salto de manera solitaria. Básicamente fue animarme”, resumió con honestidad.

Uno de los aspectos más singulares de “El Bucle” es que algunas de sus canciones fueron escritas hace casi dos décadas. Ante la pregunta de por qué recurrir a letras y riffs de otro momento vital, Rodas fue claro: “Básicamente la letra del disco es la historia de mi vida. No me voy a desapegar de mi pasado porque finalmente las cosas se repiten”.

Ahí aparece el concepto central del álbum. “El Bucle” no es solo un título: es una declaración de principios. “Las cosas buenas, las cosas malas, los amores, los proyectos, las ilusiones… todo forma parte del ahora y del ayer, y va a ser parte del futuro”, reflexionó. Para el músico, la vida está atravesada por repeticiones inevitables. “Las cosas buenas van a pasar, las malas van a pasar también y así va a ser hasta el final”, agregó.

Incluso reconoció que el nombre del disco dialoga con el clima emocional de la pandemia y con la influencia de la serie Dark. “Capaz inconscientemente me influenció también”, admitió. “Era una serie muy oscura y todo tenía sentido con ese momento que vivíamos”.

Entre el miedo y la decisión

Aunque el impulso inicial fue claro, el proceso no estuvo exento de dudas. Una vez iniciadas las grabaciones (realizadas entre enero y noviembre del año pasado en Pandemic Records, Jeibrix Records, Cosmic Estudios y Rock House) apareció la incertidumbre.

“Hubo un momento complicado porque no me decidía si sacaba dos temas, si sacaba uno o todo el disco”, recordó. La indecisión no era técnica, sino emocional. “Todavía no estaba muy decidido a parir esos temas. Me asusté de repente”, confesó entre risas.

Finalmente, el disco quedó conformado por siete canciones, aunque muchas otras quedaron fuera. “Me quedé con ganas de grabar más”, señaló, dejando entrever que el proyecto no se agota aquí.

El acompañamiento fue clave para atravesar ese momento. El álbum fue producido, mezclado y masterizado por Jeibrix Müller entre Asunción y Buenos Aires, aportando una identidad sonora sólida y contemporánea. Rodas no escatimó en elogios: lo definió como “productor, mentor, amigo, músico, consejero, asadero y cocinero”. Además, compartió premezclas con numerosos colegas en busca de devoluciones. “Me ayudaron muchísimo con sus opiniones y críticas”, destacó.

Aunque el disco lleve su nombre, insiste en que no fue un camino solitario. “Es un disco solista, pero solo no lo iba a poder hacer”, expresó. Entre los invitados figuran Mauri Rodas, Blas Rodrigo, Paulo González, Fernan Villalba y Paulo Lezcano, músicos y amigos que aportaron matices al proyecto.

Libertad, exposición y madurez

Musicalmente, “El Bucle” transita por el pop, el punk, el rock alternativo y el indie. No responde a un único molde. “He escrito de todo: pop, heavy metal, thrash, punk, indie, cumbia”, enumeró. Esa diversidad se traduce en un disco ecléctico. “Tratamos de ser súper abiertos a la hora de componer y elegir los temas”, explicó.

Pero más allá del género, lo que marca la diferencia es la libertad. “Básicamente hice lo que quise y me tomé el tiempo que quise”, aseguró. Sin presiones externas ni urgencias de banda, el proceso fue artesanal. Lo comparó con “comer la comida de tu mamá o de tu abuela, hecho con mucho amor”.

Esa libertad, sin embargo, implica una mayor exposición. “Estoy súper expuesto porque es mi cara… soy el culpable de todo”, dijo entre risas. En una banda, el nombre colectivo funciona como escudo; en un proyecto solista, no hay dónde esconderse.

La madurez fue determinante para asumir ese riesgo. “La madurez me hizo vencer totalmente el miedo. Esto no lo iba a poder hacer a los 30 años”, afirmó. Reconoció que no solo se trata de crecimiento personal, sino también de estabilidad económica y emocional para afrontar los costos de un lanzamiento.

La mezcla de orgullo y autocrítica

Con el disco ya disponible en plataformas digitales, Rodas vive una etapa de balance. “Estoy muy contento por la receptividad de las canciones. Tengo más buenos comentarios que malos”, comentó.

Aun así, la sensación de que siempre se puede hacer más persiste. “Uno siempre se pregunta por qué no puso esto o aquello… pero estoy súper contento. Ya se rompió el cascarón”, expresó, dejando claro que el paso más difícil ya está dado.

Ahora comienza otro ciclo: el escenario. El músico está formando una nueva banda y ensayando para definir el enfoque en vivo. “Estamos tratando de decidir si vamos a tocar muy parecido al disco o hacerlo un poco más garage”, adelantó.

Un ciclo que no se cierra

Lejos de considerar “El Bucle” como una meta definitiva, Rodas lo entiende como una apertura. “Espero que no sea lo único”, afirmó, anticipando nuevos proyectos.

Si algo quedó claro en la charla es que el disco no es solo un conjunto de canciones, sino un ejercicio de reconciliación con su propia historia. Un trabajo que reúne veinte años de ideas acumuladas, dudas postergadas y decisiones finalmente asumidas.

En sus propias palabras, se trató simplemente de animarse. Y en ese gesto, más que en cualquier etiqueta de género, reside la verdadera potencia del disco: aceptar que la vida es una repetición constante, pero que siempre existe la posibilidad de atravesarla desde otro lugar.

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