De la necesidad al festín: el origen humilde detrás de la sofisticada feijoada brasileña

Feijoada brasileña.Shutterstock

En los restaurantes más elegantes de São Paulo y Río de Janeiro, la feijoada llega a la mesa en ollas de hierro, acompañada de caipirinhas, música en vivo y un aura de plato nacional por excelencia. Resulta difícil imaginar que este símbolo de sofisticación tuvo, durante siglos, un pie firmemente plantado en la cocina de la necesidad.

Mito de la esclavitud, verdad en la olla

Durante mucho tiempo se repitió una versión romántica —y dolorosa— del origen de la feijoada: esclavizados africanos en los ingenios de azúcar y las haciendas de café, obligados a aprovechar los “despojos” de la carne de cerdo descartados por los señores, habrían creado el guiso mezclándolos con porotos negros.

Feijoada brasileña, imagen ilustrativa.

La historia es poderosa, pero incompleta. Investigaciones de historiadores de la alimentación en Brasil indican que la feijoada se parece más a una adaptación local de los guisos portugueses, como el cozido, que ya combinaban legumbres, verduras y diferentes cortes de carne en una sola olla.

En la colonia, esos patrones culinarios europeos se mezclaron con ingredientes nativos y africanos, dando lugar a un plato nuevo, pero no nacido exclusivamente de sobras.

Los porotos, además, no eran alimento exclusivo de los esclavizados: atravesaban clases sociales y regiones, y estaban presentes tanto en las mesas rurales empobrecidas como en casas urbanas más acomodadas.

Un plato de “pobres” que comían todos

Lo que sí es cierto es que la feijoada se consolidó como comida de supervivencia.

Feijoada brasileña, imagen ilustrativa.

En un país marcado por la desigualdad y el trabajo forzado, cocinar en una sola olla era práctico y eficiente: ablandaba cortes duros de carne salada, prolongaba su conservación y permitía alimentar a mucha gente con pocos recursos.

En los ingenios, en las pequeñas chacras y más tarde en los barrios populares de las ciudades, la lógica era la misma: aprovechar todo lo disponible. Oreja, rabo, pieles, chorizos, carne seca y salazones entraban en la olla junto con los porotos negros, que aportaban proteína vegetal y saciedad. El resultado era un plato calórico, barato y relativamente fácil de preparar para grandes grupos.

En las casas más ricas, la diferencia no estaba tanto en la receta base como en la cantidad y calidad de los acompañamientos: arroz blanco, farofa de mandioca, naranja para “aligerar” la digestión, col rizada salteada y, más tarde, incluso torresmo (o chicharrón) crocante.

De la cocina de fondo al salón principal

El salto simbólico llegó en el siglo XX, cuando la feijoada comenzó a ocupar un lugar central en la construcción de una identidad nacional mestiza.

Restaurantes de Río de Janeiro, entonces capital, tomaron el guiso cotidiano y lo convirtieron en evento: la “feijoada de los miércoles” o de los sábados pasó a ser un ritual urbano.

Con la profesionalización de la gastronomía brasileña, el plato cruzó definitivamente la frontera de la clase social. Hoteles de lujo incorporaron la feijoada a sus bufés; chefs contemporáneos la reinterpretaron, con embutidos artesanales y presentaciones minimalistas, sin perder la referencia al origen popular.

Hoy, compartir una feijoada completa en grupo es tanto un acto culinario como social: implica tiempo, conversación y cierta celebración, muy lejos de la precariedad asociada a sus primeras formas.

Un espejo de Brasil en el plato

La historia de la feijoada condensa contradicciones del propio Brasil: nace del cruce entre tradiciones europeas, saberes africanos y productos americanos; se cocina en contextos de esclavitud y pobreza, pero también en casas acomodadas; fue plato de necesidad y es, al mismo tiempo, emblema de abundancia.

Detrás de la olla humeante que llega a la mesa, con sus carnes brillando sobre el fondo oscuro de los frijoles, permanece esa memoria ambigua: la de una nación que transformó estrategias de supervivencia en un festín capaz de representar, en un solo plato, la complejidad de su historia.

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