Lamelas, Esaú, Colombo y una gran tarde de toros en Chinchón (Madrid)

Madrid, 22 ago (EFE).- Los diestros Alberto Lamelas, Esaú Fernández y el venezolano Jesús Enrique Colombo ofrecieron una muy entretenida tarde de toros en Chinchón (Madrid), en el segundo festejo de la "Copa Chenel", del que salieron a hombros tras pasear dos orejas cada uno.

Lamelas sorteó en primer lugar un "escolar" al que le faltó, sobre todo, raza que acompañase su manifiesta nobleza y su intención de querer coger los engaños por abajo.

Pero esa falta de fuelle hizo que le costara desplazarse, quedándose a mitad del viaje en la muleta de un torero que se mostró muy templado para robarle los pases muy en corto y tratando de llevar con largura las embestidas por el pitón derecho -por el otro se quedaba debajo y fue imposible- en una labor firme y de notable suficiencia ante un astado que, al final, fue agradecido. Oreja.

El cuarto fue un toro extraordinario de Aurelio Hernando, con un pitón izquierdo de auténtico lujo que aprovechó Lamelas para cuajar, hasta ese momento, la faena de más entidad de la función por lo enfibrado que se le vio y lo bien que lo toreó al natural, tirando de su oponente con largura y mucho poder.

A derechas la faena también tuvo su importancia y no bajó el ritmo hasta que en un momento el animal se lo echó a los lomos en unos momentos de verdadera angustia. Un tanto desmadejado volvió el jienense a la carga para redondear una labor rubricada de una estocada baja y otra oreja más, que paseó tras la ovación al toro.

El primero de Esaú, de Escolar, se descoordinó antes de saltar al ruedo y fue sustituido por un sobrero muy escobillado de pitones del mismo hierro, que obligó al sevillano a echar cuerpo a tierra en el saludo de rodillas y que desarrolló dificultades, parándose tras el tercio de varas, y esperando y apretando de lo lindo en banderillas.

Y tras dos series muy emocionantes de Esaú por el derecho en la apertura de faena, el toro echó la persiana y se fue a tablas, obligando a su matador a tirar de alardes para tratar de que la faena no se viniera abajo. Tras una fuerte petición el palco se cerró en banda y tuvo que conformarse con una vuelta al ruedo.

El quinto fue un toro que se dejó mucho a pesar de faltarse algo más de clase, y Esaú salió a por todas con él llevando a cabo una faena muy entregada y animosa, en la que intercaló pasajes de buen toreo con otros en la distancia corta para conseguir conectar con unos tendidos totalmente entregados con él. Gran estocada y dos orejas para acompañar así a sus compañeros en la salida a hombros.

Con garbosas verónicas saludó Colombo al tercer y último "escolar" de la tarde, con el exhibió facultades en un vibrante y muy reunido tercio con los garapullos. A media altura comenzó el venezolano la faena de muleta, con suavidad y sin apretar en exceso a un animal que tenía fijeza y movilidad, aunque no andaba sobrado de fuerzas.

Templada labor del joven espada de San Cristóbal también al natural, muy solvente en todo momento aunque, quizás, le faltara algo más de ajuste. El efecto fulminante de la estocada fue clave para la concesión de las dos orejas.

El sexto fue un manso que apenas dejó a Colombo brillar en un variado tercio de banderillas, pues en la muleta mostró pronto su falta de clase y su desgana a embestir, defendiéndose y rajándose, incluso, a las primeras de cambio. La estocada, eso sí, fue otra vez soberbia.

FICHA DEL FESTEJO.- Tres toros de José Escolar (1º, 2º bis y 3º), noble y con calidad pero medido de raza el primero; complicado el segundo, que acabó rajándose; y manejable el blandito tercero. Y otros tres de Aurelio Hernando (4º, 5º y 6º), extraordinario el cuarto, muy completo, ovacionado en el arrastre; noble y con poquita clase el quinto; y manso y deslucido el sexto.

Alberto Lamelas, de azul noche y oro: casi entera defectuosa (oreja); estocada baja (oreja).

Esaú Fernández, de blanco, oro y remates negros: bajonazo (vuelta al ruedo tras petición); estocada (dos orejas).

Jesús Enrique Colombo, de grana y oro: estocada fulminante (dos orejas); y gran estocada (silencio).

La plaza presentó un gran aspecto, con un lleno aparente en los tendidos sobre el aforo permitido.

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