El Real Instituto de Meteorologia (RIM) activó hoy su máximo código, de color rojo, en esas zonas del sur del país, mientras que en el resto, incluida la capital, Bruselas, la alerta no subió de naranja, la segunda en su escala.
También la concentración de ozono alcanzó niveles elevados en Bélgica y que irán descendiendo a partir de este miércoles, cuando se espera que las temperaturas no superen los 30 grados.
Mientras tanto, los habitantes de la capital alteraron este martes notablemente sus hábitos, realizaron menos actividades de ocio en las calles y buscaron otras alternativas para protegerse de las altas temperaturas.
Un claro ejemplo de esto fueron los niños, que no dudaron en empaparse de agua en las fuentes de diversas plazas de la ciudad y unirse a otros pequeños en los juegos acuáticos.
"Venimos por la mañana temprano, jugamos en el agua y, cuando hace mucho calor, nos quedamos dentro (de casa), cerramos las cortinas, comemos helados e intentamos hacer cosas tranquilas", señaló a Efe Romane, madre de unos niños que remediaban el calor con agua en la plaza Fernand Cocq.
Junto a los niños, los ancianos representan otro de los colectivos especialmente sensibles al calor, por lo que las autoridades locales decidieron abrir gratis hoy las puertas de los museos a los mayores de 65 años para que puedan beneficiarse de estas instalaciones climatizadas.
Entre otras medidas extraordinarias adoptadas por las autoridades, destacan la suspensión de una treintena de trenes que circulan en hora punta y la reducción de horarios de algunos negocios, como panaderías o carnicerías.
"Creo que la gente esperará a que el sol empiece a bajar antes de volver a sentarse en las terrazas", declaró Dominique, un cocinero de un puesto tradicional de patatas fritas ubicado en la plaza Jourdan, en el corazón del barrio europeo.
No fue el caso de Ioannes, quien aseguró haber pasado parte de la mañana en una terraza de la misma plaza, pero que sí siguió las recomendaciones de mantenerse hidratado comiendo "alimentos como ensaladas, tomates, pepinos, cosas con fruta, con mucho líquido".
Esta ola de calor, que en Bélgica se redujo a dos días, llega al tiempo que el resto de Europa atraviesa una subida excepcional y prolongada de temperaturas que, según los científicos, es consecuencia directa del cambio climático y advierten de que estos fenómenos serán más frecuentes.
Los habitantes de las regiones del sur de Bélgica y centros urbanos deberán esperar hasta la noche para tener temperaturas templadas que no bajarán de los 20 grados, mientras que en zonas costeras y el campo los termómetros oscilarán entre 12 y 18 ºC.
Aunque las temperaturas altas son poco habituales, Bélgica ha tenido semanas muy calurosas los últimos veranos, hasta el punto de que en 2019 y 2020 se activó por primera vez la alerta roja, en dos ocasiones que se superaron los 40 grados.