La ONG cita los ejemplos de los centros de detención de Vitoria de Santo Antao y de Garanhuns, ambos en el estado de Pernambuco (noreste de Brasil), donde los niños pasan la mayor parte del tiempo esposados en sus celdas y a la mayoría solo se les permite salir una hora diaria al aire libre.
En el primero de los centros se comprobó que los niños están obligados a usar agua sin tratar para ducharse y para otras necesidades básicas, mientras que el personal de la prisión tiene acceso ilimitado a agua corriente.
Respecto al centro de Garanhuns, cuyo cierre fue recomendado el pasado año por el Consejo Estatal para la Protección Infantil por sus condiciones "inhumanas", sigue en funcionamiento con celdas carentes de ventilación y enmohecidas, advirtió OMCT.
Las pesquisas de la delegación de expertos en Brasil hallaron gruesos palos de madera en las dependencias del personal de ambos centros, en los que algunos niños han denunciado haber recibido palizas propinadas con esos objetos contundentes.
"Es necesario que se investigue en profundidad el trato que reciben los niños recluidos en centros de detención, especialmente el uso de violencia por parte del personal penitenciario", subrayó la coordinadora del programa de protección de la infancia contra la tortura de la OMCT, Laure Elmaleh.