"El Ocean Viking rescató a 37 personas de un pequeño bote de goma superpoblado en aguas de Libia. El barco no apto para navegar con gente en los patines fue visto al amanecer", escribió la ONG en redes sociales, antes de añadir que ahora están "atendiendo a sobrevivientes con intoxicaciones y quemaduras de combustible".
La nave había zarpado el pasado miércoles de Ravena, en la costa adriática italiana, tras desembarcar allí a 113 migrantes, para retomar sus misiones de rescate, al igual que el Geo Barents, de Médicos Sin Fronteras, después de dejar en el puerto de Tarento (Apulia, sur) a las 85 personas que llevaba a bordo.
El Gobierno italiano le había asignó al Ocean Viking ese puerto a pesar de que se encontraba a más de 900 millas náuticas (más de 1.600 kilómetros) de la zona de rescate, una distancia que tardó cuatro días en recorrer.
La ONG lamentó entonces esa "nueva estrategia" del Gobierno de Italia, de la ultraderechista Giorgia Meloni, que denominó de "puertos lejanos" tras la de "puertos cerrados" que ya en noviembre le había impedido atracar en Sicilia (sur).
El 28 de diciembre el Gobierno italiano aprobó un nuevo decreto con medidas para obstaculizar y combatir a estas organizaciones, a las que acusa de fomentar la inmigración irregular.
En sustancia, el texto no impide el desembarco de inmigrantes en Italia sino que lo complica, obligando a los barcos de las ONG a aceptar el puerto asignado, pese a que, como en el caso de Rávena, esté a cientos de kilómetros de distancia.
Los rescates de las ONG continúan mientras en los cinco primeros días del año ya han desembarcado en las costas italianas 2.556 inmigrantes que zarparon desde el norte de África, frente a los 368 que lo hicieron en el mismo periodo del 2022, según datos del Ministerio del Interior.