"El número de muertos por la explosión de remanentes de guerra en el barrio de Rimal, en el sur de Latakia, ha aumentado a cinco civiles, entre ellos una mujer y un niño, y tres víctimas no identificadas", según el grupo de rescatistas conocido como los cascos blancos.
Indicaron también que "catorce civiles resultaron heridos, algunos de ellos de gravedad, incluidos cuatro niños", mientras los equipos de rescatistas prosiguen las operaciones de búsqueda y rescate, y "recuperan a las personas atrapadas bajo los escombros de los edificios residenciales destruidos".
Este incidente se produce una semana después de que Latakia sufriera su peor ola de violencia en años, cuando remanentes del régimen del derrocado Bachar al Asad iniciaron una serie de ataques con unidades de seguridad de la nueva administración siria.
Esto causó una respuesta por parte de fuerzas aliadas al nuevo Gobierno sirio, que hicieron "ejecuciones" y "asesinatos a sangre fría" contra civiles, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos -organismo observador del conflicto en Siria desde 2011- que afirmó que casi 1.500 civiles murieron, entre ellos 1.400 de la minoría alauita, rama del chiísmo que profesa la familia Al Asad.
Las Naciones Unidas, por su parte, indicaron haber identificado 111 asesinatos.
Ayer, el enviado especial de la ONU para Siria, Geir Pedersen, advirtió que la transición en el país corre peligro, tres meses después de la caída del régimen de Bachar al Asad, si no se lleva a cabo una investigación de la reciente violencia.
El presidente interino sirio, Ahmed al Sharaa, ordenó la creación de un comité independiente que el mes que viene tendrá que presentar los resultados para esclarecer lo ocurrido y llevar a los responsables a la justicia.