Representantes de cerca de una veintena de embajadas de todo el mundo acudieron a la localidad española a leer los fragmentos iniciales de distintos capítulos en sus respectivas lenguas, y en ellas se escuchó hablar de molinos y gigantes, de ínsulas, de ventas embrujadas, del cura o del barbero.
La delegada del gobierno regional de Castilla-La Mancha, Milagros Tolón, fue la encargada de iniciar la lectura con las primeras frases del primer capítulo y su "En un lugar de la Mancha", su adarga antigua o su olla de algo más vaca que carnero.
El español, en este caso de Chile, tomó el relevo a través de su embajador en España, Javier Ignacio Velasco, con el capítulo XVIII, el de la batalla de las ovejas.
Austria y Grecia acudían por primera vez a este acto, y sus embajadores optaron por leer la aventura del vizcaíno, en el caso del primero, Enno Drofenik; y los primeros compases de la aventura del batán, a cargo de la segunda, Aglaia Balta.
El embajador coreano, Soosuk Lim, narró la aventura de los molinos de viento, mientras que los de Chipre o Países Bajos recitaron parte de dos capítulos sobre la pastora Marcela, y el de Serbia el episodio en el que Don Quijote es armado caballero.
Bélgica, India, Marruecos, Rumanía y así hasta 19 países participaron en la lectura en Esquivias (Toledo), el municipio español donde Cervantes se casó con Catalina Salazar en 1584, y que fue según su alcaldesa, Almudena González, "el único rincón de la tierra en el que encontró cordialidad, sosiego y el amor de su mujer".
Una veintena de jóvenes precedieron a los embajadores y representantes internacionales a su entrada al convento, portando las banderas de los países participantes, y el acto estuvo salpicado por las intervenciones de tres actores que representaban a Cervantes, Quijote y Sancho Panza.