La tradicional fiesta, que se celebra a finales de año en la capital fluminense, acaba en la popular playa carioca, donde se renuevan los deseos ante la deidad.
Muchos de ellos vestidos de blanco, los devotos del candomblé, umbanda y otras religiones de matriz africana lanzan sus ofrendas a las aguas del mar, en un rito que sirve para refrescar las energías de cara al año entrante.
Los homenajes a Iemanjá se repetirán la noche del 31 de diciembre en la misma playa de Copacabana, que como cada fin de año celebrará la llegada de 2026 con fuegos artificiales, música y una gran fiesta que congregará a 2,5 millones de personas, según la Alcaldía de Río.
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El culto a Iemanjá, origen y significado
El culto a Iemanjá tiene su origen en el pueblo Egbá, de Nigeria, y llegó a Brasil a través de los negros esclavizados durante el periodo colonial.
Su nombre significa “madre cuyos hijos son peces”. Es la divinidad suprema de los espíritus conocidos como orishas (‘orixás’, en portugués), que dominan los elementos de la naturaleza.
En Brasil, es venerada a lo largo de todo el litoral, sobre todo en localidades portuarias, donde se cree que protege las aguas y a las embarazadas, por eso también se la convoca durante los partos.
La fecha de su celebración, sin embargo, varía según la ciudad. En Río tiene lugar a finales de año; mientras que en Salvador, capital del estado de Bahía (noreste), es más notable el 2 de febrero.
Dentro del sincretismo religioso brasileño, Iemanjá también se identifica en el catolicismo con la Virgen María, siendo conocida como Nuestra Señora de los Navegantes o Nuestra Señora de la Concepción, entre otras denominaciones.
Brasil es un Estado laico, con la libertad religiosa garantizada en su Constitución.
Con todo, las religiones afrobrasileñas aún hoy sufren discriminación y prejuicios en el país y, en ocasiones, sus lugares de culto son atacados con violencia.