La llegada de la nieve tras un diciembre relativamente cálido alegró a los niños, que por fin pudieron sacar sus trineos a la calle para disfrutar de un auténtico clima invernal, pero la bajada de las temperaturas supone un reto para el maltrecho sistema energético y para miles de soldados que defienden en el frente al país de la invasión rusa.
El clima más frío implica un mayor consumo de electricidad, ya que más ucranianos recurren a radiadores eléctricos para calentar sus hogares.
Con el sistema gravemente dañado tras múltiples ataques, esto supone una mayor presión para la red eléctrica, que tiene dificultades para distribuir la energía producida.
Mientras que las centrales eléctricas del oeste de Ucrania permanecen inactivas durante gran parte del día debido a la disponibilidad de importaciones de electricidad y a la proximidad de centrales nucleares, la situación es difícil en gran parte de Kiev y Odesa y otras regiones del centro, el este y el sur.
Muchos consumidores solo disponen de electricidad en sus hogares de forma esporádica, dado que los daños sufridos por la red eléctrica en los recientes ataques no permiten establecer horarios predecibles de cortes de suministro en gran parte de Kiev, explicó a EFE desde la capital ucraniana Volodímir Omelchenko, experto en energía del Centro Razumkov.
Omelchenko espera que la situación mejore en unos días gracias a las reparaciones, pero la realidad resulta impredecible debido a los continuos ataques de Rusia contra infraestructuras vitales.
Los bruscos cambios en el consumo por el descenso de las temperaturas dificultan aún más el equilibrio entre la oferta y la demanda de electricidad, puesto que Ucrania se ve obligada a depender de centrales nucleares menos flexibles por los daños sufridos en sus centrales térmicas, que normalmente modificarían su producción en función de las necesidades del país.
Mientras que los generadores portátiles en el oeste de Ucrania permanecen inactivos durante gran parte del día a causa de la disponibilidad de importaciones de electricidad y a la proximidad de centrales nucleares, la situación es difícil en gran parte de Kiev y Odesa y otras regiones del centro, el este y el sur.
"La gente se ha adaptado y entiende esta situación", señaló Omelchenko.
"No pueden hacer nada al respecto y simplemente intentan sobrevivir y adaptarse a estas circunstancias", agregó.
Oksana Levitska, madre de una niña de 3 años, dijo a EFE desde Kiev que "medio día sin electricidad no es nada a estas alturas", pues "lo importante es el deseo de todos de seguir con vida".
Sin embargo, los ataques rusos contra la red eléctrica representan un gran problema para las centrales nucleares, ya que obligan a los operadores a reducir urgentemente la generación de energía de formas no previstas en el diseño de las centrales.
"Cualquier accidente podría provocar un incidente radiactivo a escala europea", advirtió Omelchenko, que pidió una reacción internacional más contundente ante Rusia.
La meteorología también afecta actualmente a miles de soldados en el frente, donde no hay recesos de las tropas invasoras.
La baja visibilidad en caso de nevada ayuda a ocultarse de los drones a ambos bandos, lo que mejora el reabastecimiento ucraniano y facilita que la infantería rusa eluda las posiciones ucranianas mientras continúan los ataques a lo largo del frente.
No obstante, el frío se convierte en un formidable adversario en sí mismo.
Los vídeos del frente muestran trincheras en algunas zonas cubiertas por gruesas capas de nieve, lo que evoca recuerdos de la Primera y la Segunda Guerra Mundial.
La infantería depende de calentadores químicos que colocan en sus zapatos o guantes.
Los soldados también utilizan "velas de trinchera", hechas de cera y cartón colocadas en latas, pero lo hacen con cautela, pues su rastro térmico puede delatar su ubicación a los drones enemigos.
"El frío penetra no solo en el suelo, sino también en el silencio entre las explosiones, en el aliento de los soldados, en sus pensamientos", escribió Anna Zubko, de la 37.ª Brigada de Ucrania, en sus redes sociales.
"Cada paso se convierte en una elección moral, cada noche en una prueba de fe en la humanidad", afirmó Zubko.
"La escarcha aprieta las manos, pero no aprieta la voluntad", subrayó, e indicó que los soldados eligen continuar la lucha a pesar de tener que "enfrentarse al frío, la oscuridad y la muerte".