Vecino de Orihuela (este), el coleccionista guarda su 'tesoro' navideño en un pequeño local de algo más de 20 metros de largo y unos cuatro de alto.
Los tres últimos, en 3D, le llegaron hace apenas unos días y suponen un paso más en una afición inculcada por su padre, "que año tras año compraba y pintaba nuevas figuras e iba cambiando de nacimientos", explica Bregante a EFE.
Comenzó a coleccionarlos en 1975 cuando su hermano le regaló el primer pesebre tras un viaje a Toledo (centro de España). Como curiosidad, no repitió ningún belén hasta el número 765, cuando le regalaron uno igual.
Y los tiene de todo el mundo: "Entre el 40 y 60 por ciento son obsequios de familiares o amigos de cuando salen de viaje, aunque también compro en el Comercio Justo", comenta.
Bregante también los adquiere en internet y busca que "no sean nacimientos tradicionales", con una especial atención al rostro de las figuras.
Otro está hecho de hueso de dromedario y se lo trajo su hija de un viaje a Egipto. Y tiene de todos los tamaños: los dos más pequeños, uno en 3D, apenas superan el centímetro y, el más grande, de 45 centímetros, "es de hierro de San Pedro de Ávila (España) y pesa dos kilos".
Bregante reconoce que es difícil preferir alguno porque todos "son curiosos, tienen nombre y apellido, y una historia", aunque destaca uno colocado "dentro de la habitación de san Francisco de Asís", donde no falta una cama, una mesa e incluso misales.