Cuba atraviesa desde mediados de 2024 una grave crisis energética expresada en largos apagones diarios que superan muchas veces las 20 horas continuas.
El Gobierno de la isla menciona entre las principales causas de la crisis la falta de divisas para importar petróleo y las frecuentes averías en las centrales termoeléctricas, con décadas acumuladas de explotación.
La UNE, adscrita al Ministerio cubano de Energía y Minas, calcula para el horario de mayor demanda de la jornada, en la tarde-noche, una capacidad de generación de 1.535 megavatios (MW) y una demanda máxima de 3.300 MW.
El déficit -la diferencia entre oferta y demanda- será de 1.765 MW y la afectación estimada -lo que se desconectará realmente para evitar apagones desordenados- alcanzará los 1.795 MW.
Actualmente, 7 de las 16 unidades de producción termoeléctrica operativas están fuera de servicio por averías o mantenimientos. Esta fuente de energía supone de media en torno al 40 % del mix energético en Cuba.
Asimismo, 95 centrales de generación distribuida (motores) no están operando por falta de combustible (diésel y fueloil). Además, alrededor de otras diez están paradas por falta de lubricantes.
Expertos independientes indican que la crisis energética en Cuba responde a una infrafinanciación crónica de este sector, completamente en manos del Estado desde el triunfo de la revolución en 1959.
Varios cálculos independientes estiman que serían precisos entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para sanear el sistema eléctrico.
Por su parte, el Gobierno cubano señala al impacto de las sanciones estadounidenses a esta industria y acusa a Washington de “asfixia energética”.
Los prolongados apagones diarios lastran la economía, que se ha contraído más de un 15 % desde 2020, según cifras oficiales. Además, han sido el detonante de las principales protestas de los últimos años.