Carney afirmó ante la prensa al terminar su jornada de reuniones que el futuro de Groenlandia "corresponde al propio territorio y al Reino de Dinamarca" y recordó que Canadá y Dinamarca son aliados en el seno de la OTAN, una alianza cuyo artículo 5 de defensa colectiva cubre también a este territorio del Ártico.
"Respetaremos plenamente estos compromisos, y esperamos que los demás miembros de la OTAN respeten igualmente los suyos", declaró el jefe del Gobierno canadiense.
El primer ministro indicó que trató directamente la situación de Groenlandia con el presidente chino, Xi Jinping, durante las reuniones mantenidas en Pekín, en un momento en que la seguridad del Ártico y el encaje de Groenlandia en los sistemas de defensa occidentales han cobrado mayor atención internacional.
Según explicó, las conversaciones incluyeron cuestiones relacionadas con la soberanía en el Ártico y con el respeto a los marcos existentes.
"Igualmente abordé la situación en Groenlandia con el presidente Xi, incluidos los asuntos relativos a la soberanía del pueblo de Groenlandia y del pueblo de Dinamarca", afirmó Carney, quien añadió que, desde la perspectiva canadiense, encontró "un grado significativo de coincidencia" en estos planteamientos.
En el turno de preguntas, Carney también se refirió a Taiwán y reafirmó que la política canadiense de 'una sola China' "no ha cambiado" desde 1970, al precisar que Ottawa mantiene relaciones diplomáticas con la República Popular China, mientras que sus vínculos con Taiwán se limitan a contactos no oficiales, una posición que Canadá distingue del 'principio de una sola China' defendido por Pekín.
Explicó que Canadá mantiene relaciones oficiales con la República Popular China y vínculos de carácter social y cultural con Taiwán, y defendió que esa distinción evita "confusión" sobre la política exterior del país.
El primer ministro precisó que dos diputados canadienses que acortaron recientemente una visita a Taiwán participaron únicamente en actividades de carácter no gubernamental, en línea con la práctica mantenida por gobiernos canadienses de distinto signo durante décadas.
Preguntado por la seguridad y la posible injerencia extranjera, Carney sostuvo que el entorno internacional es "más peligroso y más fragmentado", y que la respuesta de Canadá pasa por reforzar su resiliencia, sus alianzas y el diálogo con otros actores.
"El entorno de amenazas ha aumentado y los riesgos se han multiplicado", afirmó, antes de añadir que la cooperación internacional y el refuerzo de las capacidades internas son esenciales para proteger a la población de su país.
En ese contexto, señaló que el diálogo con China incluye una dimensión de seguridad, en particular en ámbitos como la delincuencia transnacional y el tráfico de drogas.
Carney defendió que, tras meses de contactos y reuniones, la relación de Canadá con China se ha vuelto "más previsible", gracias a un diálogo "franco y coherente" que define tanto las áreas de cooperación como las de desacuerdo.
"Ese tipo de diálogo conduce a una relación más previsible y más eficaz", afirmó.
El primer ministro subrayó que, aunque la relación con Estados Unidos es "mucho más amplia, profunda y diversa", los contactos recientes con Pekín responden a un enfoque "pragmático", basado en intereses y en la gestión de las diferencias entre ambos sistemas.