Una represión estatal que ha causado “varios miles de muertos” ha sacado a los manifestantes de las calles, pero el descontento no ha amainado en un país donde muchos consideran que con las segundas reservas de gas y petróleo mundiales y un alto nivel educativo se debería vivir mejor.
La depreciación del rial y una alta inflación de en torno al 40 %, los detonantes de las protestas, mantienen aún los precios al alza y por ejemplo el precio de una botella de aceite se ha duplicado hasta los 12.500.000 de riales (7,4 euros) en un mes y el de una caja de huevos cuesta casi el doble con 3.150.000 riales (1,8 euros) al cambio de la calle (1,68 millones de riales por euro).
El cambio oficial está fijado en 1.18 millones de riales por euro.
“La gente tiene razón para estar tan enfurecida. No se puede vivir así”, dice a EFE Mahin, una conservadora y religiosa vecina de Teherán de 57 que se gana la vida cocinando y limpiando casas.
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Esta mujer asegura que hace meses que no come carne porque sencillamente no se lo puede permitir: “No tendríamos que preocuparnos por la comida”, dice Mahin, que viste con el tradicional chador iraní, la prenda negra que cubre todo el cuerpo excepto la cara.
Mahin es una de los millones de iraníes que tienen acceso a un subsidio en crédito en supermercados para comprar alimentos de diez millones de riales (5,9 euros) al mes pero considera que es una cantidad que “no vale de nada”.
Esta mujer no salió a manifestarse en las movilizaciones que comenzaron el 28 de diciembre pero no fue por falta de ganas.
“Yo tenía muchas ganas de salir a protestar y mi hija igual. Pero al final no lo hicimos por miedo. Por mi barrio mataron a mucha gente”, explica la residente de la zona de Tehranpars, en el este de la capital.
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Los subsidios son un plan del Gobierno del presidente de Irán, Masud Pezeshkian, que consiste en dirigir hacia la población 10.000 millones de dólares anuales que se gastaban en subsidiar determinadas importaciones con un cambio preferencial, en un país en el que el salario mínimo es de 105 millones de riales (unos 62 euros) y el estipendio medio ronda los 450 millones (268 euros, al cambio de la calle).
El objetivo es “preservar el poder adquisitivo de los hogares, controlar la inflación y garantizar la seguridad alimentaria” y del que han hecho uso 57,5 millones de iraníes (de una población de 91,5 millones), informó hoy el viceministro de Bienestar del Ministerio de Cooperativas, Trabajo y Bienestar Social, Yaghoub Andayesh.
Pero las ayudas no parecen satisfacer a casi nadie. Mahmud, otro vecino de Teherán, recibió la ayuda así como su mujer y dos hijas, en total 40 millones de riales (23,8 euros), pero tuvo que poner cinco millones de su bolsillo para comprar dos paquetes de cinco kilos de arroz, producto básico de la dieta iraní.
“El Gobierno tiene que hacer algo más”, dice a EFE y además considera que la medida ha provocado otra subida de precios.
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Ante las críticas, las autoridades echan la culpa al exterior.
Pezeshkian señaló anoche a Estados Unidos como “uno de los principales factores” de “las dificultades en la vida del querido pueblo de Irán” debido a las sanciones que limitan su capacidad para comerciar con otros países, especialmente vender su petróleo y gas.
Un argumento que no convence a Reza, licenciado en ingeniería petroquímica de 30 años que se gana la vida conduciendo un taxi en Teherán.
“Debería tener una vida mejor. Estoy tratando de emigrar a Holanda para buscar trabajo allí”, dice a EFE este joven que afirma que “no ve un futuro” si continúa viviendo en el país persa y culpa a las autoridades por ello.
“Están las sanciones, es verdad, pero Irán ha sido muy hostil con muchos países durante mucho tiempo, tiene que buscar una manera de arreglar las relaciones con la comunidad internacional”, afirma.
Por ello, Reza considera que el país necesita un cambio de políticas que es improbable que lleva a cabo la República Islámica.