Hay comida en Gaza, pero pocos pueden permitírsela

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Las frutas y verduras vuelven a estar disponibles en los mercados de Gaza, pero los gazatíes se quejan de que pocos tienen el poder adquisitivo para mantener a sus familias debido a los altos precios, la obstrucción israelí a la entrada de bienes y la falta de liquidez en una Franja devastada.

“El ciudadano medio no puede permitírselo. Quienes no tienen ingresos están, sin duda, en apuros”, dice a EFE el gazatí Malek Helles, funcionario de 54 años y cuya familia está formada por siete miembros.

Helles recuerda cuando podía comprar cuatro kilos de plátanos por 13 séqueles (3,5 euros) antes de la guerra; cantidad con la que dice este enero -tras más de 100 días de alto el fuego- solo consigue llevarse un kilo.

Parte de la razón por la que los precios se han disparado, tras dos años de una ofensiva bélica israelí tan exacerbada que ha sido clasificada internacionalmente de “genocidio”, es que los productos siguen siendo escasos y las materias primas se ha encarecido.

EFE pudo ver en los diferentes mercados de Gaza verduras como coliflores y pimientos, también piñas, aguacates, huevos e, incluso, carne de pollo sin refrigerar (los gazatíes dicen que sin electricidad no se puede congelar nada y que todo se estropea rápido).

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Como explica Jaled Abu Ouda, propietario de la pastelería “Dulces Abu al Soud” que reabrió sus puertas en noviembre de 2025 en la Ciudad de Gaza tras haber sido destruida, los precios de sus productos se “han triplicado o cuadruplicado” a fin de suplir el mayor coste de la harina, los huevos, el aceite.

“No estamos contentos con estos precios, pero nos vemos obligados a ellos debido al aumento drástico de los costes”, asegura a EFE quien ha dirigido este negocio durante más de 15 años. Pese a ello, el artesano dice que la demanda de dulces -kanafe o baklava, entre ellos- es alta tras dos años de “privación” a causa de los bombardeos.

La primera fase del alto el fuego estipulaba la entrada “inmediata” de ayuda humanitaria, 600 camiones diarios concretamente, a fin de apaciguar la falta de comida y la hambruna que, según declaró la ONU en agosto, ya asolaba la capital gazatí.

A finales de 2025, el Gobierno de Gaza en manos del brazo político de Hamás denunció que solo había entrado un 41 % de lo acordado, algo que Israel negó.

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Tras más de 100 días de alto el fuego, Israel sigue sin abrir el cruce de Rafah con Egipto -el resto de puntos fronterizos colindan con su territorio-, cerrado desde mayo de 2024. Además, continúan obstruyendo y ralentizando la entrada de ayuda humanitaria, alegando que algunos productos podrían tener un uso militar.

“¿Qué pasa con los cruces fronterizos que están operativos? La ocupación (israelí) gestiona cruces fronterizos, mientras que el resto permanecen cerrados. En cuanto a la ayuda internacional que llega, les digo, es insignificante”, insiste Helles.

Y añade: “La situación es grave y la gente de Gaza está sufriendo”.

El pasado 19 de enero, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) dijo en un comunicado que la hambruna en Gaza había “retrocedido” gracias al alto el fuego, durante el que el organismo y sus socios habían repartido alimento a un millón de gazatíes, además de apoyar a 60.000 hogares con dinero digital con el que comprar alimentos en los mercados.

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Sin embargo, la palestina Nesma Abu Saif, de 32 años y desplazada del barrio de Tuffah (Ciudad de Gaza), asegura que aún no ha recibido mantas ni colchones para refugiarse -no puede regresar a su casa, más allá de la denominada “línea amarilla” controlada por Israel- y dice que la comida que reciben del PMA no es nutritiva.

“La cesta del Programa Mundial de Alimentos contiene lentejas rojas (...) pero no azúcar ni muchos de los productos que necesitamos de forma urgente. Prácticamente no contiene nada. Estamos cansados de frijoles y de lentejas rojas”, dice esta profesora de árabe sin trabajo.

Según datos de la ONU de enero, persisten a su vez las restricciones de liquidez, lo que hace que los gazatíes tengan que pagar una comisión del 15 % cada vez que quieran retirar algo de dinero; si es que este está disponible.

“No hay dinero; la liquidez es prácticamente inexistente entre la población. Solo una pequeña parte de las personas puede comprar, aunque todos desean comer y beber”, dice el gazatí Basel Rayab que, sin embargo, reconoce que la situación es mejor que antes.

“Durante los días de la hambruna, con todo respeto, comíamos hierbas del campo. Buscábamos cualquier hierba en los caminos y la comíamos. Hoy, al menos, encontramos algo que nos permita sobrevivir”, confiesa.

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