En un informe presentado con motivo del Día Nacional de la Niña, que se celebra mañana, el Ministerio de Desarrollo de la Mujer y el Niño detalló que “a fecha de enero de 2026, se han nombrado 60.262 oficiales de prohibición del matrimonio infantil” para el cumplimiento de la ley.
Este despliegue, que ha logrado detener 2.153 bodas en el último año, responde a la lucha contra la práctica de miles de familias que siguen casando a sus hijas menores de edad, empujadas por la pobreza y la carga económica que supone mantenerlas, viendo el matrimonio temprano como una forma de reducir gastos.
El informe además arroja nuevos datos sobre el feticidio femenino al revelar que la Proporción de Sexos al Nacer (SRB) ha mejorado, pasando de 918 niñas por cada mil niños en 2014 a 930 en la actualidad.
Aunque el dato es alentador, una proporción de 930 niñas por cada mil varones confirma que en la India se sigue practicando la eliminación selectiva de fetos femeninos de forma sistemática.
En la sociedad patriarcal india, el hombre es visto como el activo que hereda la propiedad y cuida a los padres en la vejez, mientras que la mujer es percibida a menudo como una carga financiera debido a la tradición de pagar a la familia del novio para casarla, una costumbre prohibida pero de práctica corriente.
Sin embargo, el Gobierno destacó que la India ha superado a muchas potencias occidentales en formación técnica femenina, “que constituyen el 43 % de las matriculaciones totales en disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas)”, asegura el comunicado, una de las tasas más altas del mundo.
Este éxito se atribuye a un cambio en la infraestructura escolar, el 97,5 % de escuelas ya tienen baños para niñas, clave para evitar que abandonen al llegar a la pubertad, y a las cuotas de discriminación positiva en los institutos tecnológicos, donde la presencia femenina se ha duplicado hasta superar el 20 %.
La India registra una de las tasas de participación femenina en la fuerza de trabajo más bajas entre las grandes economías, situada históricamente por debajo del 37 %.
Las normas sociales y la carga desproporcionada de los cuidados domésticos empujan a millones de mujeres a abandonar sus carreras profesionales tras el matrimonio, provocando que gran parte del talento formado en las aulas nunca llegue a integrarse en la economía formal.