El secretario general de la OMI, el panameño Arsenio Domínguez, ofreció hoy en Londres una rueda de prensa en la que reconoció que varios países, de nuevo liderados por EE. UU., pretenden que el plan incluya ahora medidas técnicas pero no económicas, y concretamente que no recoja que aquellos barcos que contaminen más paguen un canon mayor por sus emisiones.
El plan que debe votarse de nuevo en octubre por los 170 países miembros de la OMI prevé incentivos para que los barcos comerciales abandonen de forma progresiva el 'fuel-oil' y lo sustituyan por energías limpias, incluida la nuclear, con dos plazos: una disminución mínima del 20 % de emisiones para 2030, una máxima de 80 % para 2040 y 100 % para 2050.
Pero Domínguez insistió en que, más allá de las reticencias de esos países -entre los que también se cuentan Grecia, China o las Bahamas-, los objetivos no se han abandonado y hay avances innegables como el hecho de que los nuevos barcos que se construyen son cada vez más eficientes energéticamente.
En cualquier caso, el 'negacionismo climático' y los ataques a las instituciones multilaterales que ahora abandera el Gobierno de Donald Trump no han afectado a la presencia ni la contribución económica de EE. UU. a la OMI, según aclaró.
Por otra parte, Domínguez dijo que en un entorno geopolítico complicado, especialmente en el mar Negro y el mar Rojo, el tráfico marítimo creció pese a ello en un 1,3 % en 2025
Reconoció que quedan otros problemas por resolver como es el destino de los barcos abandonados -que cifró en 405 en este momento- y las capturas de navíos comerciales por parte de algunos Estados (venezolanos por parte de EE. UU. o rusos por parte de Francia o el Reino Unido), una acción en la que su organismo no tiene competencias para impedirla.