En un comunicado publicado este martes, el Departamento de Estado indicó que se llevó a cabo la sexta ronda del Diálogo de la Asociación para la Prosperidad Económica (EEPD) entre Estados Unidos y Taiwán, que estuvo encabezado por el subsecretario estadounidense de Asuntos Económicos, Jacob Helberg, y el ministro taiwanés de Asuntos Económicos, Kung Ming-hsin.
Durante el evento, Helberg y Kung presenciaron la firma de una declaración conjunta sobre la Declaración 'Pax Silica', una alianza estratégica de semiconductores liderada por EE.UU., y sobre la cooperación económica entre Washington y Taipéi, en donde se respalda "los principios de prosperidad mutua, progreso tecnológico y resiliencia en la cadena de suministro".
"Taiwán es un socio esencial en estas y otras iniciativas económicas de importancia, y su sector de manufactura avanzada desempeña un papel clave en impulsar la revolución de la IA", señaló el Departamento de Estado.
El diálogo entre ambas partes incluyó intercambios sobre seguridad de las cadenas de suministro, apoyo a infraestructuras digitales confiables, cooperación para facilitar la certificación de componentes de sistemas de aeronaves no tripuladas y colaboración en minerales críticos.
"Las conversaciones se centraron en destacar los avances en la respuesta a la coerción económica, promover la cooperación mutua en terceros países y abordar barreras fiscales para aumentar la inversión entre Estados Unidos y Taiwán", destacó el comunicado.
Esta ronda de conversaciones se celebró poco después de que EE.UU. y Taiwán alcanzaran un acuerdo comercial que incluye una reducción de aranceles sobre los productos taiwaneses del 20 al 15 %, así como un compromiso de inversión de 250.000 millones de dólares de las principales compañías isleñas de semiconductores en territorio estadounidense.
En virtud del pacto, el Gobierno de Taipéi también se comprometió a garantizar otros 250.000 millones de dólares adicionales en créditos empresariales para facilitar nuevas inversiones.
China, que considera a Taiwán como una "parte inalienable" de su territorio, criticó duramente este acuerdo, calificándolo como un "documento de rendición" que "vaciará la base industrial de vanguardia de Taiwán", isla donde se fabrican la inmensa mayoría de los chips avanzados del mundo.