Los líderes políticos de las principales formaciones que se presentan en las elecciones generales que también se celebrarán el día del referendo, así como ciudadanos consultados por EFE, expresan un claro apoyo a la consulta, que planteará sencillamente si se cree que la carta magna debe ser modificada.
Se trata de la primera de las tres consultas previstas en el camino trazado para reformar la Constitución promulgada durante la última junta militar, que rigió la nación desde el golpe de 2014 y hasta 2019, si bien el general golpista Prayut Chan-ocha gobernó hasta 2023, al frente de un partido vinculado con el Ejército.
El reformista Partido del Pueblo (PP) -cuyo predecesor, Move Forward (Avanzar), ganó las últimas elecciones, celebradas en 2023, pero no pudo gobernar por el veto del entonces conservador Senado- lleva la batuta en este intento de conectar la dirección de la gestión pública con la voluntad popular.
El líder del PP, Nattapong Ruangpanyawut, encabeza la intención de voto de cara a las elecciones, con la promesa de poner fin a la Constitución actual, cuyo marco ha devenido en un sistema de gobierno "no libre" para los 70 millones de tailandeses, según Freedom House.
La organización reformista, disuelta en dos ocasiones en los últimos seis años por el Tribunal Constitucional y reinstaurada cada vez, pretende rebajar el poder de instituciones como esta corte y otros organismos que han alterado la vida pública en numerosas ocasiones amparadas por la actual carta magna.
Asimismo, el Pheu Thai, del poderoso exdirigente Thaksin Shinawatra y enemigo histórico del Ejército, impulsa esta campaña a favor de un cambio constitucional para poner coto a jerarcas militares.
El Bhumjaithai -del actual primer ministro, Anutin Charnvirakul- y el Partido Demócrata, ambos conservadores, también aprueban la propuesta de un cambio de Constitución siempre que esta no altere el capítulo dos del texto, que protege la draconiana ley de lesa majestad, que castiga hasta con hasta 15 años de prisión acciones contra la monarquía.
Según el medio privado Matichon, el 83,2 % de un grupo de personas encuestadas en enero está a favor de la redacción de una nueva Constitución y responderán afirmativamente en la consulta, con la mirada puesta en un nuevo pacto social más democrático y en un "cambio" que todavía está por dibujarse.
Varias personas entrevistadas sin preaviso en las calles de Bangkok también dijeron a EFE que apoyarán la redacción de una nueva Constitución, algunas con mayor claridad que otras sobre la forma que debería tener esa nueva carta magna.
La profesora de piano Chohathai Manuchan, de 48 años, cree que refundar el Estado "estaría bien", pues "hay muchas cosas" que necesitan mejorar.
"Todo parece que necesita cambiar. En los 48 años que he vivido, el país sigue igual. Si se cambia, quizá mejore, no lo sé, pero vale la pena intentarlo", sostuvo.
Por su parte, el empresario Thikanet Wichaisorn, de 38 años, mostró su apoyo a la modificación constitucional pero dijo a EFE que "lo primero que debe cambiar" es la economía, cuya desaceleración del crecimiento en 2025 se ha vinculado con la inestabilidad política, con dos primeros ministros y otro en funciones ese año.
"Quiero que el país esté mejor que ahora y creo que podría estar mejor", remarcó.
Si los pronósticos aciertan, una mayoría abrumadora secundará la idea de una nueva Constitución, si bien se trata solo del inicio de un proceso que incluye otros dos referendos en fechas aún sin definir y que puede enfrentarse a los obstáculos de las instituciones aún controladas por los poderes conservadores del Ejército y la monarquía.
Una de esas instancias es el Senado, donde, si bien sus miembros no democráticamente elegidos no determinarán quién es el próximo primer ministro, tienen poder de veto de enmiendas y leyes en el Parlamento y pueden impulsar candidatos para instituciones públicas.
Desde 1932, cuando el fin de la monarquía absoluta dio paso a un Estado moderno, el país se ha regido por una veintena de textos provisionales y permanentes, con un promedio de un golpe de Estado cada ocho años.
Esto se ha conocido como el famoso "ciclo vicioso" tailandés, un clima de inestabilidad política atizado desde los cuarteles que los impulsores del cambio actual pretenden corregir.