Al ritmo de ‘Heartless’, West, que actualmente se hace llamar Ye, entró en un escenario en el que solo había luces, humo y el polvo que levantaba el cantante del piso hecho de arena.
Con botas y la capucha de su sudadera puesta, se situó en el centro de un corazón rojo mientras los más de 45.000 aficionados, por momentos, ahogaban la voz del estadounidense ganador de más de 21 premios Grammy.
Cuando llegó otro de sus éxitos de la década de los 2000, 'Can't tell me nothing', el público aún era incapaz de sentarse en sus asientos intentando encontrar a West entre la oscuridad y sus juegos de luces.
El repertorio de sus discos de los 2000, de los más exitosos y recordados como 'Graduation' (2007), probablemente hicieron olvidar a los asistentes de las recientes polémicas del siempre controversial West, como su apoyo al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su poca simpatía inicial con la crisis palestina.
Y aunque no terminara por lograr su candidatura presidencial a las anteriores elecciones, Ye demostró el gran poder que tiene en todo el mundo cuando con 'Power' levantó, puso a cantar y sacó los móviles de toda la Monumental, un auténtico himno que ha protagonizado desde anuncios televisivos a bandas sonoras.
Fueron sonando poco a poco canciones más recientes del artista, con temas como 'Black Skinhead' y el disco 'Yeezus' (2013), otros de sus éxitos en los que la música electrónica y el rap se entremezclan.
Tras varias canciones, la hija del artista, North West, salió a cantar en un dueto fraternal algunas de las canciones de su padre como 'Only One' o 'Talking'
A pesar de sus 13 años, North demostró que es más que la hija de Kanye y Kim Kardashian, y enloqueció al público con su tema inédito que la lanza al panorama musical internacional, 'Piercing on my hand'.
Mientras North seguía en el escenario, Ye continuaba con canciones como 'Carnival', que en su versión original canta junto al también rapero Ty Dolla Sign y pertenece a uno de sus discos más recientes, 'Vultures' (2024).
El humo y la pirotecnia seguía mientras sonaba 'Famous' y la voz de Rihanna rugía en el recinto circular, lo que puso en pie a la muchedumbre que no podía evitar bailar y corear después también de que cantara 'FourFiveSeconds', con la guitarra grabada del "beatle" Paul Mcartney.
El fin se iba acercando y temas como 'Touch de Sky' y 'Homecoming' preparaban a los fans de Kanye para el final de una cita internacional que por momento solo llegará a Italia además de México, según sus últimos anuncios.
Terminó y llegó el esperado y auténtico juego de luces al escenario, sonaron 'Flashing Lights' y 'All of the lights', una vez más con "Riri" y los altavoces, el clímax que el público realmente anhelaba.
De repente, como si un platillo volante hubiera aparecido en medio de la luna, el público y West comenzaron a volar mientras las luces giraban alrededor del cantante y su 'Stronger', uno de los temas con los que normalmente acostumbra a cerrar sus conciertos.
Para despedirse, el público cantó a capela y al ritmo de números fuegos artificiales los últimos temas del recital, 'Ghost Town' y 'Runaway', lo que desató la emoción de uno de sus seguidores que no pudo evitar saltar y abrazar a West y su hija.
Entre los numerosos aplausos de reconocimiento, Kanye volvió a demostrar ante su público por qué, tal como dijo en una entrevista, "soy el mejor artista del siglo XXI", su afirmación podría cumplirse.