"Los resultados son claros: No encontramos evidencia de que el aumento de la inmigración incremente los tiroteos de pandillas, mortales o no", señalan los autores, que examinaron tiroteos mortales y no mortales en 77 barrios de Chicago, entre 2010 y 2021, y evaluaron si los cambios en la inmigración se acompañan de cambios en la violencia grave.
El estudio distingue los tiroteos registrados como relacionados con pandillas en los datos oficiales de las fuerzas del orden sobre incidentes delictivos de aquellos que no están clasificados como relacionados con pandillas.
Si bien esta clasificación es imperfecta, señalan, Chicago es una de las pocas grandes ciudades de EE.UU. que registra rutinariamente la participación de pandillas en tiroteos, y estas medidas se utilizan ampliamente en la investigación sobre la violencia en la ciudad.
Los casos individuales pueden acaparar titulares. Sin embargo, en los vecindarios de Chicago, a lo largo del tiempo, el crecimiento de la inmigración no fue seguido de un aumento en los tiroteos, afirman.
Este patrón es consistente con un amplio conjunto de investigaciones previas que concluyen que la inmigración no aumenta la delincuencia violenta, afirman los autores del estudio, Calvin Proffit, estudiante de criminología; John Leverso, profesor adjunto, y Ben Feldmeyer, profesor de la Escuela de Justicia Criminal.
En Chicago el gobierno federal desplegó su polémica Operación Midway Blitz, que luego fue llevada a otras ciudades con otros nombres, pero con la misma intención de aplicar la ley migratoria y combatir "lo peor de lo peor", incluidos presuntos pandilleros.
Hubo resistencia popular duramente reprimida por agentes federales en Chicago, con por lo menos un muerto, y después se trasladó a Mineápolis, donde agentes de inmigración dispararon fatalmente contra Renee Nicole Good y Alex Pretti, ambos ciudadanos estadounidenses.
"Es importante aclarar lo que nuestro estudio afirma y lo que no afirma", dicen los autores.
"Analizamos vecindarios, no individuos. Esto significa que no afirmamos que los inmigrantes individuales nunca cometan delitos, ni los etiquetamos como 'buenos' o 'malos'. Este tampoco es un experimento aleatorio, y los datos vecinales no pueden responder a todas las preguntas individuales".
Sin embargo, ponen a prueba la predicción central del debate público: si el crecimiento de la inmigración impulsa los tiroteos, estos deberían aumentar en los barrios donde aumenta la población inmigrante. "En Chicago, no es así", afirman.
"Tratar a los inmigrantes como una explicación general de la violencia puede ser políticamente conveniente, pero no hará que nuestras ciudades sean más seguras", concluyen.