El fin del START III devuelve al mundo a la era de descontrol nuclear

Moscú, 5 feb (EFE).- La expiración esta medianoche del START III, el último tratado de desarme vigente entre Rusia y Estados Unidos, en un momento de grandes tensiones internacionales, pone en peligro la paridad nuclear y amenaza con abrir una nueva era de rearme a nivel global.

"Nuestra iniciativa de mantener durante un año los límites, incluso después de la expiración de ese documento, no ha sido respondida", dijo hoy Dmitri Peskov, portavoz presidencial, en su rueda de prensa telefónica diaria.

De poco sirve que desde el papa León XIV al secretario general de la ONU, António Guterres, llamaran a ambas partes a prolongar el tratado, cuya desaparición pone en aviso tanto a los países con esos arsenales como a aquellos que aspiran a entrar en el club nuclear.

El mundo afronta ahora una incertidumbre estratégica desconocida desde que la URSS y EE.UU. decidieran enterrar en 1972 el hacha de guerra nuclear en plena Guerra Fría.

La única esperanza son las consultas que, según informó el jueves Axios, han comenzado representantes del Kremlin y la Casa Blanca en Abu Dabi, donde se habló de prolongar seis meses el cumplimiento voluntario de las restricciones al armamento ofensivo que impone el Nuevo START.

Sea como sea, el Ministerio de Exteriores anunció anoche que a partir de ahora Rusia "ya no se siente ligada" por las obligaciones contempladas por el tratado suscrito en 2010: un máximo de 1.550 cabezas nucleares y 700 sistemas balísticos en tierra, mar o aire.

Rusia y EE.UU. "son libres de elegir sus próximos pasos", sentenció.

El presidente Estados Unidos, Donald Trump, nunca respondió a la propuesta rusa, pero habló al respecto con el líder chino, Xi Jinping, quien horas antes hizo lo mismo con el ruso, Vladímir Putin.

"El presidente ha sido claro en el pasado acerca de que, para tener un auténtico control de armas en el siglo XXI, es imposible hacerlo sin incluir a China, debido a su vasto y rápidamente creciente arsenal" atómico, destacó por su parte Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano.

Y es que Washington teme que a finales de esta década el gigante asiático duplique -de 500 a un millar- sus cabezas nucleares. En cambio, el Kremlin apoyó la postura china.

Términos como desarme, control de armamento, no proliferación y mecanismos de verificación han quedado de la noche a la mañana obsoletos. Ahora vuelven a conjugarse conceptos como disuasión nuclear o carrera armamentista.

La disolución del tratado "no puede llegar en peor momento, ya que el riesgo de que se emplee una bomba nuclear es el mayor en varias décadas", dijo Guterres.

Políticos y expertos temen que el fin del START III represente también el ocaso del Tratado de No Proliferación (TNP) nuclear, en vigor desde 1970, dos años antes del primer tratado de desarme SALT.

El TNP, que es la última barrera ante el descontrol nuclear, ya que impide que los países adquieran armas de destrucción masiva, debe ser renovado este año.

"El club nuclear se incrementará (…) La humanidad aún no ha inventado un mejor medio de defensa (...) Mi opinión sobre el futuro del régimen de no proliferación es muy pesimista", comentó Dmitri Medvédev, expresidente ruso.

Medvédev, quien admitió que "la frontera entre dónde termina el átomo pacífico y empieza el militar es muy fina", firmó en Praga en abril de 2010 el START III junto al entonces presidente de EE.UU., Barack Obama.

Entre otras cosas, el START III garantizaba la paridad nuclear, es decir, que ambas potencias aceptaban su Destrucción Mutua Asegurada (MAD, según sus siglas en inglés) en caso de guerra, concepto que hacía imposible un conflicto con el uso de bombas atómicas.

Los expertos temen que ahora Moscú y Washington se sientan con las manos libres para desplegar el arsenal oculto en sus silos o incluso incrementarlo.

Trump ha promovido el escudo antimisiles Cúpula Dorada, un proyecto de cientos de miles de millones dólares, que incluye el empleo de misiles intercontinentales y que puede abrir una carrera armamentista en el espacio exterior.

Además, ha planteado la posibilidad de reanudar los ensayos nucleares -otro vestigio de la Guerra Fría-, tras lo que Moscú modernizó el polígono de pruebas de Nueva Zembla (en la región del Ártico).

Al respecto, Medvédev aseguró que la 'Cúpula Dorada' representa una violación de los principios que defendía el START III y advirtió de las pruebas nucleares complicarían un futuro diálogo estratégico ente Rusia y EE.UU.

Rusia respondió desplegando armas nucleares tácticas en Bielorrusia, pero los expertos consideran que Putin no está interesado en incrementar su arsenal, ya que cuenta con la carta del armamento hipersónico, terreno en el que dice contar con una clara superioridad respecto al resto de potencias.

Esa es una de las principales secuelas del fin del START, ya que nadie puede verificar si, realmente, armas hipersónicas como los misiles Burevéstnik u Oréshnik representan una amenaza para la seguridad mundial.

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