La artista y orfebre Teresa Estapé lamenta que con el paso de los años se le ha ido quitando valor simbólico a la joyería, que nació con ese fin y "como amuleto protector" para adultos y para niños.
Una vez más, la reina Victoria de Inglaterra es la que vuelve a marcar una tendencia de estilo: vistió durante cuarenta años de negro por el fallecimiento de su esposo el príncipe Alberto y pidió que sus joyas fueran del mismo tono.
A partir de ese momento, sus joyeros se llenan de piezas de azabache de Whitby Jet, considerado como el de mayor calidad del mundo, que surge de una madera fosilizada.
"Es increíble porque brilla y igual que el ónix, pero es muy ligera", una razón por la que las piezas de luto eran muy grandes sin tener un gran peso, detalla a EFE Estapé.
Una historia que tiene que ver con simbolizar un sentimiento a través de lo que se luce, que la orfebre enlazó con la falta de espacios en la sociedad contemporánea para transitar las pérdidas, para detenerte y pasar duelos importantes que demandan "despedirte de una etapa y abrazar una nueva".
Las alhajas siempre han definido la pertenencia a un grupo social. La artista menciona como ejemplo las tobilleras de hierro de algunas mujeres africanas, que les impiden moverse con facilidad porque marcan un privilegio: haber llegado a una edad en la que ya no debía de hacer tareas domésticas.
Por otro lado, los collares de perlas eran un "icono" que simbolizaba la mayoría de edad de una mujer, la entrada al mundo de los adultos en una época determinada.
"Siempre han tenido una función simbólica muy poderosa, que con el paso del tiempo se ha ido borrando", remarca, un hecho que coincide con la revolución industrial donde comienza a desarrollarse una fuerte idea de pragmatismo.
En este sentido, el manifiesto fundacional de la arquitectura moderna de Adolf Loos, 'Ornamento y delito', subraya en que "un hombre moderno solo debía llevar un buen traje y un libro bajo el brazo. Se condena a la joyería y se la asocia a algo pecaminoso", remarca Estapé.
Autora de una joyería singular que no busca deslumbrar con destellos de diamantes de tallas sofisticadas, resalta que el material es su punto de partida, pero no siempre se fija en el de mayor valor, dice señalando varios anillos en pirita, "el oro de los tontos", muchos lo confunden.
Es capaz de llevar un diamante a una obra gráfica y del oro habla como un material del espacio. "Tiene una historia geológica increíble, es extraterrestre de algún modo y al mismo tiempo la base de todo el sistema financiero".
Del oro pasa al frágil y delicado talco que compactado parece un mineral y la artista catalana convierte en elemento táctil de relajación añadiendo un discreto diamante.
De esta manera, establece con sus diseños un diálogo filosófico y antropológico a partir de piezas realizadas con minerales o metales diversos como oro, talco, pirita, azabache, diamante o lapislázuli, algunas de las cuales expone en el Museo Geominero de Madrid hasta el 12 de abril.
Licenciada en Derecho y Bellas Artes, Teresa Estapé se formó en Escola Massana en Barcelona y está en proceso de preparación de su próxima obra para Arco 2026 para la que ha trabajado con su archivo familiar, con telas que pertenecieron a sus abuelas y bisabuelas.