"Drama, comedia, crítica social, travestismo y música" son algunos de los componentes de esta coproducción de la Fundación Juan March, el Teatro de la Zarzuela de Madrid, el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, y el Teatro Metropolitano José Gutiérrez Gómez.
La presentación, detalló este jueves el teatro de la capital colombiana en un comunicado, entrelazará dos obras populares del siglo XIX compuestas por Francisco Asenjo Barbieri: la zarzuela cómica 'El Vizconde' y el entremés lírico-cómico 'Gato por liebre'.
Además, las funciones contarán con la participación de la Orquesta Filarmónica de Mujeres de la Filarmónica de Bogotá, con la batuta musical y piano de Miquel Ortega, y la dirección de escena y dramaturgia de Alfonso Romero.
Romero propone una puesta en escena en la que la historia del entremés, un cómico triángulo amoroso que incluye a dos mujeres nobles, se mezcla con 'El Vizconde', una zarzuela que retrata la encrucijada de un noble que debe retar a su destino de convertirse en sacerdote para escapar con su amada.
"Ambos montajes, que se estrenaron en 2025, están llenos de picardía donde los cantantes travestidos permiten hacer una crítica mordaz a la doble moral", apuntó la información.
'El vizconde', libreto de Francisco Camprodón, diseña un campo de batalla donde dos arquetipos de masculinidad chocan hasta volverse "caricatura": por un lado, Rodrigo, el heredero que carga con el peso de su propia cobardía, y por el otro, su primo, un seminarista cuya valentía raya en lo absurdo.
"Lo verdaderamente subversivo aquí es que el héroe es interpretado por una soprano travestida", señaló el comunicado.
Al dotar a la "masculinidad triunfante" de una voz femenina, la obra lanza una "estocada irónica" a los estereotipos viriles, "demostrando que el género en el escenario siempre ha sido un código por descifrar".
Por su parte, el libreto de 'Gato por liebre', de Antonio Hurtado, se sumerge en "un enredo tan básico como despiadado", la disputa de dos viudas de la aristocracia por el afecto de un adolescente que, "lejos de ser una víctima, juega sus cartas con un interés calculador".
Esta puesta en escena se instala en el Madrid de los años setenta, con una estética de "barrios acomodados y ambiciones silenciadas" que otorga a la obra un aire de 'sitcom' sofisticada, donde el amor es "solo una moneda de cambio" y las apariencias son "la única ley que rige el comportamiento de sus personajes".