La ASOC, una coalición de organizaciones conservacionistas de todo el mundo que defiende la integridad de los ecosistemas de la Antártida y el océano Austral, señala en un comunicado su preocupación por la nueva certificación como "sostenible", a pesar de la "creciente presión de la pesca industrial y los dramáticos efectos del cambio climático sobre el ecosistema".
ASOC explica que la objeción presentada es el inicio de un procedimiento de arbitraje judicial independiente durante los próximos meses que, si tiene éxito, "podría dar lugar" a un cambio en la certificación MSC de la pesquería o a la imposición de nuevas condiciones para proteger la población de krill y el ecosistema en general.
Según su web, el Marine Stewardship Council es una organización internacional, independiente, sin ánimo de lucro, creada para abordar el problema de la pesca no sostenible.
Desde ASOC recuerdan que el krill antártico es la base de la cadena alimentaria del océano Austral, que sustenta a ballenas, pingüinos, focas, aves marinas y peces y desempeña un papel fundamental en el sistema climático mundial "al capturar grandes cantidades de carbono en las profundidades del océano".
Según la Coalición, en la actualidad la mayor demanda de krill se ve impulsada por la búsqueda de "nuevas fuentes de proteínas para la acuicultura",concretamente para la alimentación de salmón de piscifactoría, debido a la disminución de muchas poblaciones de peces silvestres.
"La empresa noruega Aker QRILL se atribuye aproximadamente el 60 % de la captura total, aunque también existen empresas más pequeñas de Chile y Corea del Sur que operan bajo la etiqueta MSC", señala la Coalición.
La directora ejecutiva de ASOC, Claire Christian, argumenta que la objeción presentada pide la garantía de que se evalúen "con precisión los impactos ambientales de la pesca de krill".
Denuncia que la creciente presión "está agravando" los efectos que el cambio climático y la contaminación están provocando sobre el krill, "a medida que las actividades antropogénicas invaden cada vez más la última zona verdaderamente salvaje del planeta".
Desde ASOC aseguran que según las estimaciones, "desde la década de 1970, la biomasa de krill ha disminuido entre un 70 % y un 80 % en algunas zonas del océano Austral".
"Sin embargo, la decisión ignora este contexto ecológico fundamental y hace hincapié en que la pesquería extrae menos del 1% de la biomasa total estimada del krill, llegando incluso a proponer puntuaciones de sostenibilidad aún más altas en la reevaluación actual", aseveran.
Exponen una serie de "falacias" y "afirmaciones engañosas" para justificar la recertificación de la pesquería de krill, como que "solo se captura el 1 % de la biomasa de krill".
Subrayan que las estimaciones de biomasa se basan en "estudios escasos y poco frecuentes y no reflejan la rápida evolución dinámica de la población, determinada por el clima".
Asimismo, apuntan que la presión pesquera se ha intensificado en regiones sensibles, lo que ha contribuido a "capturas récord" y vedas anticipadas.
Denuncian que en zonas de alimentación fundamentales para los pingüinos y las ballenas jorobadas, "se produjo un aumento del 118 % en el esfuerzo pesquero durante la última temporada de pesca" y las "medidas voluntarias de protección" para los pingüinos "son insuficientes", ya que las zonas restringidas han desplazado las flotas pesqueras en lugar de reducir la presión sobre ecosistemas sensibles.
Desde ASOC recuerdan que la creación de nuevas áreas marinas protegidas (AMP), "respaldadas por la ciencia, continúa estancada".
Además, que la organización WWF también ha presentado una objeción a la recertificación, aludiendo a "serias preocupaciones" sobre la creciente presión de la pesca industrial e impactos climáticos "enormes" sobre el ecosistema.