Las manifestaciones, que han entrado en su cuarto día consecutivo, han llevado al despliegue de un amplio dispositivo policial, al cierre de centros educativos hasta el próximo 7 de marzo y a la reducción de la velocidad del internet móvil en varias zonas del valle.
Las protestas, mayoritariamente pacíficas en las últimas jornadas, han incluido concentraciones en varias localidades del valle. Este miércoles, cientos de personas se manifestaron en Magam, en el centro de Cachemira, portando retratos de Jamenei y coreando consignas contra Estados Unidos e Israel.
En Srinagar, la principal ciudad de la región, la policía cerró el centro urbano de Lal Chowk, tradicional epicentro de protestas, levantando barricadas y barreras de alambre tras las concentraciones registradas en los últimos días.
Las autoridades regionales celebraron además una reunión de seguridad de alto nivel y ordenaron a las fuerzas policiales mantener el máximo nivel de alerta para evitar disturbios.
En paralelo, las autoridades indias iniciaron acciones legales contra periodistas, medios locales y figuras públicas acusadas de difundir información falsa o incitar al desorden en redes sociales.
Entre ellos se encuentra el diputado por Srinagar Aga Syed Ruhullah Mehdi, contra quien la policía abrió un caso por supuestamente difundir contenido "falso y engañoso" relacionado con las manifestaciones y con la respuesta de Nueva Delhi a los ataques contra Irán.
Un responsable policial informó a EFE que las publicaciones, que incluían vídeos de protestas y críticas a la respuesta de Nueva Delhi a los recientes ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, pretendían crear miedo, perturbar el orden público e incitar a actividades ilegales.
Dirigentes políticos locales criticaron las medidas adoptadas por el gobierno indio, al que acusaron de intentar silenciar a medios y periodistas en un momento en el que parte de la población expresa su duelo por la muerte del líder iraní.
La policía defendió las restricciones y advirtió que la difusión de información no verificada puede amenazar la estabilidad en Cachemira, una volátil región disputada entre la India y Pakistán y sometida con frecuencia a controles de seguridad durante periodos de tensión.