Al término de esas dos jornadas de negociaciones, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, que encabezaba la delegación de su país, calificó de "muy positiva" y "constructiva" esta sexta ronda de contactos.
Para el viceministro chino de Comercio y representante en las negociaciones comerciales internacionales, Li Chenggang, en estos dos días de conversaciones en París se obtuvieron "consensos preliminares" gracias a unas discusiones "profundas, francas y constructivas".
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, avanzó algunos de los elementos que se deben abordar durante este plan de trabajo, incluidos algunos que les han enfrentado en los últimos meses, como las tierras raras, cuyo refino acapara casi totalmente China y que son fundamentales para el abastecimiento de la industria armamentística estadounidense.
Otro aspecto en el que Estados Unidos ha puesto mucho interés es en el reequilibrio de su abultado déficit comercial con China, que querría corregir con el incremento de las compras de productos agrícolas, como carne de pollo o de vacuno, pero también soja, productos energéticos e industriales, como aviones.
Según el responsable comercial estadounidense, las dos delegaciones examinaron la cuestión de establecer un mecanismo de gestión de los intercambios entre los dos países, una especie de "junta de comercio" y que sería el foro para identificar productos que China podría vender a Estados Unidos y cuáles en el sentido inverso para conseguir un "beneficio mutuo".
En esa misma línea, Li explicó que se trataría de "establecer un mecanismo bilateral de trabajo para promover la cooperación en comercio e inversión" porque "unas relaciones económicas y comerciales bilaterales estables benefician a ambos países y al mundo".
La base de estas discusiones, que se llevaron a cabo en la sede de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en la capital francesa, ha sido el acuerdo que Trump y Xi habían alcanzado en la ciudad surocreana de Busan a finales de octubre, y que marcaba el fin de un ciclo de meses de agravamiento de la relación entre las dos mayores potencias económicas del mundo.
Esta guerra comercial la había abierto el presidente estadounidense apenas desembarcó en enero de 2025 en la Casa Blanca para su segundo mandato con los anuncios de aranceles generalizados a sus principales socios comerciales con el argumento de que abusaban de Estados Unidos, pero a diferencia de la práctica totalidad, Pekín no cedió.
Desde la posición de fuerza que le da su dimensión y el control que ejerce sobre ciertos sectores estratégicos -como puede ser el de las tierras raras- se inició así un pulso que potencialmente podría hacer saltar por los aires muchos equilibrios macroeconómicos y en el que el acuerdo de Busan supuso una tregua.
La visita de Trump a Pekín, programada del 31 de marzo al 2 de abril, es el horizonte en el que el trabajo hecho durante las seis rondas negociadoras tendría que materializarse, aunque ese desplazamiento podría ser pospuesto.
Bessent quiso dejar claro que el posible aplazamiento del viaje del presidente estadounidense no tiene nada qué ver con la demanda que le ha hecho a China para que participe en el desbloqueo del estrecho de Ormuz, sino más bien con la necesidad de que Trump siga dirigiendo las operaciones bélicas en Oriente Medio desde EE. UU.
Otra cuestión que estuvo en la mesa de negociaciones de París fueron las investigaciones que ha lanzado Estados Unidos con el argumento de evaluar el perjuicio económico que considera que sufre por las prácticas de algunos de sus principales socios comerciales, y que vendrían a sustituir los aranceles anulados por el Tribunal Supremo.
Unas investigaciones sobre las que los chinos manifestaron su malestar porque estiman que contribuyen a mantener la incertidumbre y a deteriorar el ambiente.