Según fuentes conocedoras del caso, citadas por medios estadounidenses, la investigación sobre Kent estaba en marcha antes de que presentara su renuncia esta semana, tras expresar desacuerdos con la política de la Casa Blanca respecto al conflicto bélico con Irán.
La salida del funcionario se produjo en un contexto de fuertes críticas desde la Administración, que lo calificó de desleal y poco fiable, en lo que analistas consideran un intento de desacreditarlo tras su ruptura pública con el Gobierno.
En su carta de dimisión, Kent aseguró que Irán "no representaba una amenaza inminente" para Estados Unidos y atribuyó la decisión de atacar al país a presiones de Israel, lo que profundizó divisiones dentro del Partido Republicano sobre la estrategia en Oriente Medio.
El caso también ha reavivado el debate sobre el uso de investigaciones federales en contextos políticos, en medio de críticas de sectores que acusan al Departamento de Justicia de actuar contra figuras consideradas adversarias del presidente.
Kent, quien ha sido una voz crítica de la guerra, reiteró en recientes declaraciones públicas su respaldo a políticas anteriores de la Administración Trump, aunque mantuvo sus cuestionamientos a la actual estrategia frente a Irán, en un episodio que refleja tensiones internas en el oficialismo.