"El número de víctimas se determina mediante varios métodos. Primero, cuando los cuerpos son trasladados desde el lugar del incidente, se registran. Luego, se recopilan los registros de los hospitales y departamentos forenses a donde son llevados los cuerpos", explicó a EFE este sábado el director administrativo del Hospital Omid, el doctor Maiwand Hoshmand.
El médico añadió que, tras este primer paso, el equipo hace un seguimiento solicitando informes diarios a los centros sanitarios, dado que algunos de los heridos más graves acaban falleciendo días más tarde a causa de sus lesiones.
Hoshmand precisó que, cuando no hay cifras claras en la escena, el equipo cruza los datos con las investigaciones de seguimiento, que incluyen "las visitas de familiares que buscan a parientes desaparecidos".
Por su parte, un médico forense de un hospital gubernamental, bajo condición de anonimato, detalló la dificultad de identificar a las víctimas desfiguradas. Según explicó, en Afganistán recurren casi exclusivamente a características físicas como la altura, los tatuajes, el grupo sanguíneo o prendas de ropa.
La identificación depende de buscar "lunares, cicatrices, amputaciones o evidencias de cirugías previas", añadió el experto. Todo esto se debe a que el análisis de ADN, aunque muy preciso, resulta demasiado costoso y "no se utiliza de forma generalizada" en el país.
Sin embargo, la portavoz de la Misión de la ONU en Afganistán (UNAMA) indicó a EFE que el proceso de recuento e identificación se está ralentizando temporalmente debido a "los 4 días de fiesta por el fin del ramadán y nowruz", en referencia a la celebración del año nuevo persa que mantiene a gran parte del país paralizado.
Actualmente ambos países mantienen una frágil tregua tras uno de sus episodios más tensos, en el que según cifran los talibanes 408 personas murieron y 265 resultaron heridas, mientras la UNAMA mantiene un recuento independiente, aún en actualización, que cifra los fallecidos en más de 143.
En medio de este alto el fuego, el régimen afgano acusa a Pakistán de continuar con los ataques, una afirmación que Islamabad niega rotundamente.