"Existe, creo, un consenso muy amplio dentro de la comunidad internacional para preservar un bien común que es la libertad de navegación", afirmó el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, en la rueda de prensa final del encuentro.
En los debates sobre la situación en el estrecho de Ormuz participaron, además de los cancilleres de los países miembros del G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Reino Unido y Japón), los de Brasil, Corea del Sur, India o Arabia Saudí, directamente afectados por la situación en la región, así como la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas.
"Es impensable vivir en un mundo en el que las aguas internacionales estén cerradas a la navegación debido a conflictos que no conciernen a los países que necesitan que esa circulación tenga lugar", declaró el jefe de la diplomacia francesa.
Y es, añadió, "impensable para cualquiera que este bien común, protegido por el derecho del mar, pueda ser cuestionado. Por tanto, este objetivo es ampliamente compartido", recalcó Barrot.
El ministro recordó que para Francia el restablecimiento del tráfico marítimo en Ormuz pasará previsiblemente por un sistema de "escolta" para los buques, con el fin de garantizar la seguridad y permitir la reanudación del comercio lo antes posible "una vez que los objetivos militares de Estados Unidos hayan sido alcanzados".
El estrecho de Ormuz, situado entre Irán y Omán, es considerado uno de los puntos neurálgicos del comercio global, y su estabilidad resulta esencial para el abastecimiento energético internacional, así como para otros productos esenciales.