Las elecciones húngaras del 12 de abril son las más relevantes del año para la Unión Europea, que en los últimos seis meses observa con discreción -pero también esperanza- las encuestas que apuntan a que el líder de Tisza, Péter Magyar, disfruta de una ventaja de diez puntos sobre Orbán, la primera oportunidad real de poner fin a sus dieciséis años de mandato.
“Las elecciones de Hungría son mucho más importantes de lo que la dimensión del país representa porque su Gobierno se ha comportado de manera contraria a los principios básicos que constituyen la esencia de la Unión Europea”, apunta el analista de EsadeGeo Juan Moscoso.
La Comisión Europea, principal blanco de los ataques del Gobierno húngaro por congelar fondos que correspondían a Budapest por sus ataques a la independencia judicial, ha evitado pronunciarse públicamente sobre los últimos choques de Orbán con sus socios europeos, como su veto a una ayuda a Ucrania ya acordada con el resto de países.
Es un silencio estratégico; saben que cualquier cosa que digan puede volverse en su contra y pasar a ser un nuevo argumento de Orbán en su cruzada contra los “burócratas de Bruselas”, para la que en plena campaña electoral ha recibido el apoyo del vicepresidente estadounidense, JD Vance.
La analista del Centro de Estudios de Política Europea (CEPS) Júlia Pöcze opina que Bruselas ha evitado incluso avanzar en procedimientos de infracción en las últimas semanas, una cautela extrema que esconde una cierta dejación de funciones por parte del Ejecutivo comunitario.
Magyar, aire fresco pero con prudencia
Las instituciones europeas respirarán aliviadas si las encuestas se cumplen el próximo domingo y alguien diferente a Orbán asume el liderazgo de Hungría por primera vez desde 2010.
Pero Péter Magyar enfrentará un reto titánico para cumplir sus promesas electorales y restaurar las relaciones de su país con el resto de la Unión Europea.
El desembolso a Hungría de 17.000 millones de euros procedentes de diferentes fondos europeos permanece bloqueado porque el país no cumple con las reformas necesarias en áreas como la independencia judicial, un esfuerzo que Magyar se ha comprometido a retomar.
La realidad es que, en Hungría, ganar las elecciones podría no ser suficiente para que Magyar implemente su agenda: ciertas decisiones, como reformar la Constitución o cambiar a figuras en la administración leales a Orbán, requieren una mayoría parlamentaria de dos tercios que muy pocas encuestas le otorgan a día de hoy.
“Si gana habrá mucha euforia, pero luego habrá que volver a la realidad. Creo que intentará cumplir la mayoría de sus promesas, pero le va a ser muy difícil. Si la gente no es consciente de ello, van a llevarse una decepción”, predice Pöcze.
Bruselas, por su parte, tendrá que decidir si es fiel a sus normas y se niega a desembolsar fondos a Hungría hasta que todas las promesas sean realidades o si -como ya hizo con Polonia cuando el popular Donald Tusk reemplazó al anterior gobierno ultraconservador- hará la vista gorda y descongelará al menos parte del dinero como gesto de buena voluntad para ayudar a Magyar domésticamente.
¿Y si, pese a todo, gana Orbán?
El escenario más temido en Bruselas es el de un monumental error de las encuestas o incluso una manipulación electoral con apoyo ruso que el domingo por la noche dé a Orbán cuatro años más de gobierno, con los que podría llegar a las dos décadas ininterrumpidas en el poder.
En ese escenario, la UE tendrá que encontrar nuevas fórmulas para sortear los vetos húngaros, aunque Bruselas augura que la tensión puede suavizarse una vez Orbán deje de tener elecciones a la vuelta de la esquina, con todos los incentivos perversos que eso ha conllevado.
En realidad, argumenta Pöcze, la UE nunca estuvo preparada para alguien como él
La analista señala que Orbán ha podido llegar tan lejos porque “se le ha permitido” -entre la reticencia de Bruselas a actuar desde el principio y la protección que le brindaba el Partido Popular Europeo- pero también porque la arquitectura de la UE “tiene lagunas”.
“La UE se encamina hacia una inevitable reflexión interna, permanezca Orbán en el poder o no. Hacen falta reformas para asegurar que un único país no pueda volver nunca a explotar las debilidades del sistema”, concluye