El embajador israelí en Estados Unidos, Yechiel Leiter, y su homóloga libanesa, Nada Hamadeh Moawad, se reunirán en Washington a seis semanas del inicio de una guerra que deja más de 2.000 muertos en el Líbano y a siete días del alto el fuego en Irán del que Beirut ha preferido desvincularse para mantener una postura independiente.
Estas son algunas claves para entender los obstáculos a los que se enfrenta el proceso y los principales puntos de desacuerdo:
Ambos equipos negociadores ya llegan a la sala con objetivos diferentes para la jornada: el Líbano busca lograr un alto el fuego que dé pie a abrir posteriormente un diálogo más a fondo, mientras que Israel no está dispuesto ni a abordar la posibilidad de un cese de hostilidades, según Leiter.
Por ello, el presidente libanés, Joseph Aoun, quien había estado promoviendo esta iniciativa desde el inicio de la guerra, avisó el lunes de que las dos partes deberán hacer concesiones.
"Ahora existe la oportunidad de alcanzar una solución sostenible, que es lo que desea el Líbano, pero esta no puede ser unilateral. Israel debe responder a los llamamientos libaneses, árabes e internacionales para que cese sus ataques contra el Líbano e inicie negociaciones", dijo.
Uno de los principales mantras del Líbano ha sido que solo el Estado tiene el derecho a negociar en nombre del país, volviendo a dar portazo al grupo chií Hizbulá, que se enfrenta a Israel en su segunda guerra en apenas año y medio.
El lunes mismo, el líder del movimiento, Naim Qassem, rechazó las inminentes conversaciones "sin sentido" con Israel y consideró que un cambio de estrategia como este requiere un previo consenso interno entre libaneses.
"Esta negociación es rendirse, es despojar al Líbano de su fuerza", zanjó el clérigo chií, que hizo coincidir su primer discurso televisado en varias semanas con la víspera de la reunión en Estados Unidos.
El problema no es tanto la oposición de Hizbulá a este proceso, pues se asumía dispuesto a acatar un alto el fuego en el marco de la iniciativa iraní, como lo es conseguir su desarme, el principal objetivo de Israel durante las conversaciones que comenzará en cuestión de horas.
El Gobierno libanés aprobó un plan para el desarme el verano pasado y redobló su compromiso con la medida después de que un ataque unilateral de Hizbulá a comienzos de marzo desatara la actual ofensiva israelí contra el Líbano.
Sin embargo, la formación chií se niega a deponer las armas al considerar que el Líbano quedaría desprotegido y a merced de Israel, lo que deja al Estado libanés con la única opción de quitárselas por la fuerza, abriendo potencialmente la puerta al estallido de una violencia interna que muchos temen, ahora más que nunca.
Tan solo un día antes del inicio de las conversaciones, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, confirmó que sigue buscando la creación de una "zona de seguridad sólida y más profunda" en el sur del Líbano, donde pretende controlar toda la franja comprendida entre la frontera de facto y el río Litani.
La invasión del territorio libanés sin final a la vista, entre otros planes a los que Netanyahu no parece dispuesto a renunciar, como despoblar y asolar las aldeas fronterizas, ponen al Líbano en una difícil posición para negociar.
Algunos expertos consideran que, para Israel, sentarse a la mesa sería solamente una forma de mostrar que ha puesto de su parte, sin intenciones reales de encontrar una solución negociada, y que el Líbano sería bastante consciente de esta realidad.
Ninguna de las partes tiene una hoja de ruta trazada, incluida la mediación estadounidense, que en 2024 sí logró alcanzar un alto el fuego con aportaciones de Hizbulá y con su aliado Nabih Berri, presidente del Parlamento, como principal negociador por parte del Líbano.
Sin embargo, el lunes mismo, Qassem volvió a citar los mismos requisitos que estuvo pidiendo los 15 meses que duró aquel cese de hostilidades: el final de los ataques israelíes, la retirada de sus fuerzas del territorio libanés y la reconstrucción del sur del Líbano.
En todo ese tiempo, sus demandas para dialogar sobre un potencial desarme quedaron sin cumplir, al igual que las demandas israelíes para su desarme total, en una pescadilla que se muerde la cola con pocas opciones de destrabarse en Washington.