"Nos sentimos desmotivados para continuar sembrando arroz y otros granos. El arado es caro, los fertilizantes son caros... Estamos atrapados", dice a EFE Chey Salout, agricultor de la provincia de Kampong, al sureste de Camboya.
Y es que el impacto de la guerra de Oriente Medio en la agricultura es múltiple: a la subida del precio del crudo se suma la de los fertilizantes, con Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Catar, Kuwait, Baréin y Omán produciendo aproximadamente el 20 % de las exportaciones de amoníaco y fertilizantes nitrogenados, esenciales para la agricultura.
En el primer mes de conflicto, los fertilizantes se llegaron a encarecer un 50 %, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con consecuencias en países en periodo de siembra en Asia como Bangladés, India y Sri Lanka.
Otros grandes productores mundiales de alimentos básicos como el arroz, entre ellos Camboya y Tailandia, entrarán ya en mayo en temporada de siembra, mientras en Vietnam varía según la zona.
"El impacto es muy real. Acabamos endeudados", dice Salout, quien afirma que, desde que comenzó la guerra el 28 de febrero, la mayor parte de sus gastos se van en gasolina para tractores o motocicletas -con una subida de alrededor del 50 % del precio del petróleo desde la ofensiva-, y en fertilizantes.
Todo se está traduciendo ya "en mayores costos de los alimentos para algunas de las poblaciones más vulnerables del mundo", en economías de Oriente Medio, África, el Sur de Asia, Afganistán y Pakistán, alertó el Fondo Monetario Internacional (FMI) este mes.
La FAO va más allá. El economista jefe del organismo, Máximo Torero, subrayó ayer desde Brunéi, anfitrión de una conferencia regional, que la prolongación del conflicto agravaría las consecuencias sobre la población mundial, pues en los próximos meses se reduciría la producción y distribución de alimentos, manteniendo la advertencia de que castigará sobre todo a los países pobres.
"No queremos ser alarmistas sino realistas y eso significa entender que estamos ante desafíos enormes", advirtió Torero.
Tailandia está entre los países con mayores riesgos para la seguridad alimentaria por su alta dependencia del Golfo Pérsico, según FAO. Así, el primer ministro tailandés, Anutin Charnvirakul, pidió este viernes apoyo a China, mejor posicionado, para asegurar cuotas de fertilizantes para los agricultores.
India, por su parte, junto a China, el mayor productor de arroz mundial, aseguró este mes que tiene almacenadas suficientes reservas de trigo y arroz para hacer frente a emergencias, si bien el 40 % de sus importaciones de urea, fertilizante clave para la agricultura, llega a través del estrecho de Ormuz, y el país ya se enfrenta a una escasez nacional de gas.
Paul Teng, del programa de Cambio Climático del Instituto ISEAS-Yusof de Singapur, dice a EFE que es "casi inevitable que los niveles de malnutrición aumenten" -con una prevalencia en declive en Asia, de alrededor del 6,7 %, según la ONU-, a medida que la mayoría de familias más pobres agoten sus ingresos en comida.
De aquí a seis meses, Teng calcula que los efectos en la cadena de agricultura y alimentos del Sudeste Asiático, en concreto, "serán indirectos pero inmediatos", debido sobre todo a los altos costes, más que a la caída de producción, aún casi imperceptible.
Si no hay cambios en el curso de la guerra, en el siguiente periodo (entre los próximos seis y 24 meses), el experto advierte de presiones sobre la producción y el suministro, sobre todo en alimentos básicos como el arroz, y aboga por que los gobiernos apuesten por invertir en tecnología agrícola y establezcan acuerdos para proteger la continuidad de las cadenas de suministro.
Al margen de la guerra, hay otra amenaza que se cierne sobre la producción alimenticia: entre los meses de mayo y junio es probable la formación de un episodio de El Niño, que hará predominar en casi todo el planeta temperaturas superiores a la media normal en la superficie terrestre, anunció este viernes la Organización Meteorológica Mundial (OMM).