"Las tecnologías digitales ofrecen oportunidades únicas para garantizar los derechos de la infancia y reducir desigualdades, pero también introducen riesgos que deben ser comprendidos y abordados", aseguró la representante de Unicef en Colombia, Tanya Chapuisat, durante la presentación del informe en Bogotá.
La investigación 'Disrupting Harm', que abarca 25 países, se llevó a cabo a través de una encuesta a 999 adolescentes colombianos de entre 12 y 17 años, y también incluyó entrevistas con sobrevivientes, familias, autoridades y profesionales de justicia y servicios de atención.
Los resultados del estudio muestran que las niñas y adolescentes mujeres son las más afectadas, pues el 25 % de las encuestadas fue víctima de este tipo de violencias, frente al 17 % de los niños y adolescentes hombres.
Además, la niñez en zonas rurales, donde hay más desigualdad económica, está más expuesta (29 %) frente a la que vive en zonas urbanas (17 %).
Entre las formas de violencia más reportadas por la infancia colombiana se encuentran recibir imágenes sexuales no deseadas (15 %); ofertas de dinero o regalos a cambio de fotos sexuales (6 %); presión para compartir contenido sexual (5 %); amenazas con difusión de imágenes íntimas (3 %), y extorsión sexual (2 %).
También se identificó el uso de herramientas de inteligencia artificial para crear imágenes sexuales de niñas, niños y adolescentes, una práctica que genera "preocupación" porque puede hacerse "más común" a medida que estas herramientas sean más accesibles.
"Para hacer frente a este desafío se requiere una acción conjunta de la sociedad civil, el gobierno, las organizaciones internacionales, las plataformas en línea, los padres y las comunidades", agregó el líder de proyectos de la organización ECPAT, Fabio González.
Cerca de la mitad de los casos en Colombia ocurrieron a través de redes sociales, principalmente Facebook, seguido de WhatsApp e Instagram, mientras que el 14 % se presentó en plataformas de videojuegos.
El estudio resalta que también contribuyen a este fenómeno la industria de cámaras web y la explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes en el contexto de viajes y turismo.
"Impulsados por las necesidades económicas, estas prácticas proliferan como alternativas laborales en contextos con pocas oportunidades", señala el informe.
Los datos de la encuesta mostraron que el 50 % de los abusos fueron perpetrados por alguien a quien el menor ya conocía, incluyendo familiares (22 %), parejas (14 %) o amistades (14 %), mientras que el 21 % fueron por personas desconocidas y en el 17 % de los casos, el agresor fue otro niño, niña o adolescente.