Hasta el momento se ha escrutado poco más del 20 % de los cerca de 5.000 escaños municipales en juego en Inglaterra y los resultados son elocuentes: el laborismo es el gran perdedor al dejarse en el camino 258 escaños, mientras que el Partido Conservador sale apenas mejor parado al perder 158 asientos.
Y quien cosecha las ganancias de estas dos debacles de los dos partidos tradicionales es el populista Reform UK, el partido creado por Nigel Farage a partir del Brexit Party, con el que se hizo famoso en los turbulentos años de la salida de la UE.
Reform UK gana hasta ahora 382 de los escaños en liza, cuando antes solo controlaba dos, confirmando así lo que presagiaban todos los sondeos preelectorales: que capitaliza el descontento de los británicos con el rumbo del país, ya sea por la inflación, los altos impuestos o la cuestión migratoria.
También ganan escaños los liberaldemócratas y los verdes de la izquierda, pero sus avances no son en absoluto comparables a los resultados de Reform, que los medios británicos ya califican de “espectaculares”.
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Un exultante Nigel Farage aparecía esta mañana ante los medios subrayando la implantación de su partido en todos los rincones del país: “Somos el más nacional de todos los partidos, presentes en todas partes y estamos para quedarnos. ¡Lo mejor está por venir!”, exclamó, al pronosticar que su partido ganará también las próximas elecciones generales, aunque quedan todavía tres años para eso.
De forma irónica, Farage lanzó un dardo al primer ministro: “Me sentiría muy triste de verlo partir, Starmer es la mejor baza que tenemos”, dijo entre risas de sus correligionarios, en alusión a la bajísima popularidad de Starmer, que también ha contribuido a la debacle del laborismo.
El primer ministro no se escondió y compareció para asumir la responsabilidad por la derrota, pero lanzó un aviso a los que ya tratan de moverle la silla.
“No pienso dimitir y hundir al país en el caos”, exclamó. “A mí me eligieron para un mandato de cinco años (en 2024) y pienso completarlo”, dijo tras lamentar que su partido ha perdido en estos comicios a “brillantes representantes”.
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Aun así, dijo entender que el mensaje de las elecciones de ayer era claro: que los votantes querían un cambio que él se comprometió a ofrecer al ganar las elecciones de 2024.
Siendo los resultados municipales conocidos hasta ahora pésimos para el laborismo -y no mucho mejores para los conservadores-, lo peor está probablemente por venir, porque el escrutinio de las elecciones regionales de Escocia apenas acaba de comenzar esta mañana -no se conocerán tendencias seguras hasta el mediodía- y ni siquiera han empezado en Gales.
En ambas nacionalidades históricas, se espera otra debacle laborista y conservadora. La derrota será especialmente dolorosa en Gales, un territorio donde el laborismo ha gobernado casi sin rivales durante las dos décadas largas del gobierno autónomo. Ahora la única incertidumbre es si allí vencerá Reform UK o los nacionalistas de Plaid Cymru, fuerza también en ascenso.
Mientras que en Escocia se da por segura la victoria del Partido Nacional Escocés (SNP), que pese a gobernar en Edimburgo desde 2007 no absorbe un descontento popular que se dirige casi por completo contra el Gobierno central de Londres.
En el caso de Escocia, la única duda que falta por disipar es si la victoria del SNP será por mayoría absoluta o relativa. Si fuera el primer caso, se adivinan tensiones nacionalistas en el horizonte, pues los líderes del SNP han prometido un nuevo referéndum de independencia si lo lograran.