Este nuevo gran ataque ruso tiene lugar después de tres días de relativa calma en los que las fuerzas del Kremlin se abstuvieron de lanzar bombardeos de larga distancia de entidad contra territorio enemigo en el contexto de la tregua de tres días mediada por el presidente de EE.UU., Donald Trump.
La tregua empezó el sábado y terminó ayer. Durante el tiempo que duró la tregua, ambos bandos dejaron de lanzar sus habituales ataques masivos contra las retaguardias enemigas. Las hostilidades continuaron en el frente entre acusaciones mutuas de violar el alto el fuego.
Ucrania pide un alto el fuego indefinido que permita avanzar hacia una salida negociada a la guerra y aspiraba a que la tregua de tres días se prolongara por más tiempo.
Trump también había expresado esperanzas de que el alto el fuego temporal fuera el principio del fin de la guerra.
Rusia rechaza por el momento declarar un alto el fuego prolongado como le exige Kiev y le pide Trump. El presidente ruso, Vladímir Putin, ha dicho en repetidas ocasiones que solo bajará las armas y se reunirá con el líder de Kiev, Volodímir Zelenski, una vez esté negociado y listo para firmar un acuerdo final de paz.
El Kremlin exige como condición para ello que Ucrania le entregue la parte de la región de Donetsk que todavía controla. Rusia ha tomado por las armas cerca del 80 % del territorio de Donetsk. El resto sigue bajo control de Kiev.