Los lugares clave de las visitas de Trump a China, del poder al simbolismo

Pekín, 13 may (EFE).- El presidente estadounidense, Donald Trump, regresa esta semana a algunos de los espacios más simbólicos del poder chino durante su nueva visita al país asiático, una agenda que vuelve a combinar escenarios institucionales con lugares históricos vinculados a la diplomacia y la imagen internacional de China.

La visita remite además al viaje de 2017, cuando el mandatario estadounidense recorrió la Ciudad Prohibida junto al presidente chino, Xi Jinping, con una puesta en escena marcada por el peso del patrimonio imperial y los gestos protocolarios.

Estos son algunos de los principales escenarios asociados a las visitas de Trump a China y el significado político o histórico que representan.

El Gran Palacio del Pueblo es la principal sede ceremonial y política del Estado chino y uno de los espacios habituales para la recepción de líderes extranjeros.

Situado en el lado oeste de la plaza de Tiananmén, escenario de la represión de las protestas de 1989, el recinto es el corazón político y simbólico de la capital china.

Trump participó allí en 2017 en la ceremonia oficial de bienvenida, reuniones bilaterales y un banquete de Estado ofrecido por Xi Jinping, y volverá a hacerlo durante la visita de esta semana.

El edificio alberga además las principales sesiones políticas anuales de China y grandes actos diplomáticos y legislativos.

Adyacente a la Ciudad Prohibida y cerrado al acceso público, Zhongnanhai es el complejo desde el que opera la cúpula del Partido Comunista chino (PCCh) y alberga oficinas y residencias de los principales dirigentes del país.

La agenda oficial de la Casa Blanca para la visita de esta semana sitúa allí algunos de los principales encuentros entre Trump y Xi Jinping, incluidos una fotografía oficial, un té bilateral y un almuerzo de trabajo.

El recinto, que tuvo entre sus residentes más célebres a Mao Zedong, ha estado asociado históricamente a reuniones de alto nivel entre dirigentes chinos y mandatarios extranjeros, aunque el acceso de líderes foráneos es relativamente poco habitual, por lo que suele interpretarse como un gesto de cercanía política y diplomática.

No será la primera vez que un presidente estadounidense pasee por sus plácidos jardines orientales: Obama ya lo hizo en noviembre de 2014, también con Xi.

La residencia estatal de Diaoyutai, un complejo de villas y jardines situado en el oeste de Pekín, ha alojado a dirigentes extranjeros y albergado encuentros diplomáticos de alto nivel durante décadas.

Aunque Trump no se alojó allí durante su visita de 2017, ni lo hará en esta, el recinto sí acogió parte de las reuniones y actividades vinculadas a aquel viaje.

El complejo ha acogido históricamente negociaciones políticas, reuniones discretas entre dirigentes y visitas de Estado de alto nivel, convirtiéndose en uno de los principales símbolos de la diplomacia china contemporánea.

La visita de Trump a China en noviembre de 2017 incluyó un recorrido privado junto a Xi y sus esposas por la Ciudad Prohibida, el antiguo palacio imperial de las dinastías Ming y Qing.

El entonces presidente estadounidense recorrió espacios como el pabellón Baoyunlou, donde ambos líderes compartieron un té informal, además de los tres grandes salones ceremoniales del complejo imperial.

La jornada incluyó además una demostración de restauración de reliquias culturales en el taller de conservación del Museo del Palacio y una representación de ópera de Pekín en el teatro Changyin, dentro de una visita que medios oficiales chinos calificaron entonces como una "visita de Estado plus".

La elección de la Ciudad Prohibida fue interpretada entonces como una forma de proyectar continuidad histórica, tradición cultural y solemnidad institucional en el marco de la relación bilateral.

A falta de confirmación oficial, las autoridades anunciaron esta semana que el pequinés Templo del Cielo cerrará al público coincidiendo con los días de la visita de Trump, por lo que es probable que este sea uno de los lugares históricos que el mandatario visite durante su estancia.

Construido en el siglo XV, se trata de uno de los principales complejos ceremoniales de la China imperial y era utilizado por los emperadores para realizar ceremonias de plegaria por las cosechas y la estabilidad del imperio.

La sección de Mutianyu de la Gran Muralla china también cobró protagonismo durante la visita de 2017, cuando recibió la visita de la primera dama, Melania Trump, que no acompañará a su marido en este segundo viaje.

Situada al noreste de Pekín y restaurada para facilitar el acceso turístico, Mutianyu es uno de los tramos más visitados de la Muralla y una de las imágenes más reconocibles del país a nivel internacional.

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