El expresidente de Chile, Eduardo Frei Ruiz-Tagle conoció Paraguay por los proyectos de las grandes hidroeléctricas. En esta entrevista, realizada en Bogotá (Colombia), hizo un diagnóstico de la crisis política en América Latina y advierte que los extremos ideológicos no son buenos para los países. Además, sostiene que Latinoamérica pesa poco internacionalmente por la falta de integración.
El exmandatario habló con ABC al margen del foro del Banco Banco de desarrollo de América Latina y El Caribe y el Seminario Taller del Centro Gabo para editores internacionales, en Bogotá.
¿Qué le dice el nombre de Paraguay cuando lo ubica en la región.
-Mire yo tuve muchas relaciones porque yo trabajé 20 años en la construcción. Yo soy ingeniero civil, formaba parte de una sociedad chilena de construcción, de montajes industriales y cuando hicieron todas las grandes hidroeléctricas que tienen ahí en la zona -entre Paraguay, Argentina, Brasil-, tratamos de postular esa obra y parece que ellos se pusieron de acuerdo, y no nos tocó.
Pero ahí conocí mucho de Paraguay y estuve siendo presidente varias veces. Me tocó primero ir como delegado cuando terminó el gobierno de Andrés Rodríguez (transición), allá por los años 90 y se inició en los procesos democráticos. Yo fui con un grupo de políticos de América Latina siempre que habían elecciones. Tuve muy buenas relaciones en mi tiempo en el gobierno. Lo más reciente, más o menos a fines del año pasado, me invitaron porque están formando un grupo del Consejo de Política e Infraestructura, que le hacía mucha falta. Nosotros tenemos el sistema australiano, lo adoptamos porque era lo más interesante y más productivo y de los mejores que vimos.
Y ahora tenemos seis países latinoamericanos que lo están haciendo, vamos a tener una reunión en junio, seguramente la delegación de Paraguay va a ir también, ellos están bien avanzados.
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Con el nivel de desarrollo que tiene Paraguay sería muy importante que este Consejo de Infraestructura se pudiera desplegar. Yo siento que todo lo que yo hice como presidente en esta materia fue clave para el desarrollo de Chile. Mejorar la infraestructura, y cuando hablo de infraestructura no solo hablo de grandes obras. La inversión en esta materia en América Latina es muy baja. Mucha más inversión se hace con una asociatividad público-privada, que lo hicimos en Chile y lo hemos estado haciendo desde los años 90 y el 94.
La asociatividad público-privada es clave para los países como los nuestros que no tienen los recursos estatales para poder desarrollar toda la infraestructura necesaria, no solo para el transporte, sino para la salud, la seguridad, las cárceles, para el agua, para todo. Y entonces eso creo va a ayudar a que Paraguay tenga grandes inversiones en los próximos años.
¿Qué opinión le merece la calidad de la democracia en Sudamérica?
-En general, creo que nosotros tenemos una crisis política de gran envergadura. A veces se puede decir que hay en muchas partes del mundo, pero eso es para complacer no más lo que no estamos haciendo.
La verdad es que la crisis política en el mundo es fuerte y en América Latina es muy fuerte. Vea lo que pasa en Perú, lo que pasa en Colombia, lo que ha pasado básicamente en Venezuela y otros, en Centroamérica también.
En la medida que han terminado gobiernos de izquierda se han ido construyendo gobiernos de derecha, producto de la ineficacia y de la falta de resolución de los problemas de los ciudadanos.
¿Cómo impacta esa polarización izquierda-derecha en los pueblos latinoamericanos?
-Mucho. Porque nunca los extremos son buenos. Por lo menos nosotros construimos el país en 25 años con una colisión de centro, y una colisión que había gente de centro izquierda, centro derecha, partidos socialistas democráticos, etcétera, y formamos una gran coalición. Creo que los extremos no son buenos para los países.
¿Qué análisis hace de esta actualización de la doctrina Monroe de Estados Unidos, hoy rebautizada como “Donroe” para Latinoamérica?
- Lo que está pasando en el mundo es que hay una reorganización del sistema de la globalización. Ésta llegó para quedarse. Es un fenómeno que viene desarrollándose con mucha fuerza desde los años 1950.
Toda la arquitectura internacional se formó en esos años, todo lo que significó vivir en un mundo global es producto de los avances científicos y tecnológicos que ha vivido el mundo en estos años el mundo globalizado nunca va a terminar. Va a haber un nuevo orden mundial y eso va a depender de cómo termina la guerra del mundo.
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¿Cómo puede América Latina y Sudamérica -en particular- aprovechar este contexto?
-La única manera es estar asociado. Hoy día Latinoamérica no pesa en el concierto internacional porque no estamos unidos. Cada país hace lo que puede, en un mundo difícil para los países pequeños como los nuestros. Y la globalidad ya es imparable en el mundo de hoy. Entonces, tenemos que trabajar, ver cómo se va a reorganizar este nuevo mundo, porque la globalización no va a terminar.
Vivimos en un mundo integrado, todos comunicados. Usted puede estar en China, en Japón, Oriente Medio, donde esté, la tecnología hoy día es la que manda en el mundo, y los que manejan la tecnología también están mandando en el mundo. Entonces, si los latinoamericanos no sabemos unirnos entre nosotros, nos va a mal.
El operativo de Estados Unidos en Venezuela -con la captura del entonces presidente Nicolás Maduro- generó controversias y se habla de una misma posible acción en Cuba. ¿Cuál es su mirada con respecto a esa situación?
- El problema de Venezuela. Tenemos hordas y hordas de delincuentes de todos los “trenes” en nuestros países, delincuentes que han estado de forma ilegal y que salieron de Venezuela y terminaron en Chile, Ecuador, Bolivia y en todas partes. Hoy día hay un alivio en América Latina porque terminó ese gobierno y porque la situación de seguridad en toda América Latina es complejísimo. Nos va a costar años resolverlo.
Ahora, lo de Cuba es otro caso que lleva a una revolución que lleva 70 años. Y que no tienen ni cómo dar energía a sus ciudadanos, dar alimentos, todos muertos de hambre ya. ¿Cómo va a terminar eso? Va a depender mucho del nuevo orden mundial y la forma en que se resuelva la guerra en el Oriente Medio.
Usted fue el segundo presidente de la era ya democrática de su país. ¿Cómo está Chile hoy?
-Nosotros tuvimos 25 años muy positivos. Los mejores índices que ha tenido Chile en su historia. Desde la independencia, nunca habíamos tenido mejores cifras en nada. Crecimiento, desarrollo, ingresos per cápita, disminución de la pobreza, escolaridad, universidad, educación, cultura, inversiones, en todo sentido. O sea, no hay ninguna cifra ni económica, ni social, ni democrática que no haya estado entre los mejores de toda la historia de Chile.
Pero eso se comenzó a perder a partir del año 2015 porque ingresó el Partido Comunista, se disolvió lo que conocíamos como la concertación y hemos tenido, ahora, como lo que ha pasado en casi toda América Latina, que la gente quiere a los partidos más de derecha, que no más de izquierda.
Lógicamente que el último gobierno (Nota de la Redacción: Gabriel Boric), bueno, cuando termina un gobierno de izquierda y gana la derecha, es porque el gobierno no fue capaz con sus acciones durante los 4 años de resolver los problemas que tiene la gente y por eso la gente vota por otra coalición,y eso es el resultado.
¿La alternancia siempre es sana para la democracia?
-Hemos tenido muchas alternancias en Chile. Si usted toma los años 60 hasta hoy día, son 60 años, hemos tenido todos los partidos, así que todos los chilenos ya saben cuando votan por cuál están votando.
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