La Ciudad Eterna, donde el pasado suele emerger entre ruinas, columnas y otros restos arqueológicos, ha recordado estos días una página trágica de su historia más reciente: el tiempo de bombardeos, soflamas y privaciones de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
Lo ha hecho con el descubrimiento de cinco carteles bélicos del 1940 pegados en un muro de la Vía Cola de Rienzo, una de las arterias comerciales más concurridas de la capital italiana.
Los legajos, en buen estado de conservación, habían permanecido ocultos durante casi un siglo detrás de un escaparate de una tienda de zapatos pero han vuelto a salir a la luz al retirar la vitrina para su renovación, cautivando la atención del viandante.
En total son cinco manifiestos que dan instrucciones a la población ante eventuales bombardeos o reproducen la propaganda nacionalista de la dictadura fascista de Benito Mussolini.
El de mayor tamaño está firmado por el Comité Provincial para la Protección Antiaérea, un organismo encargado de proteger a los civiles en caso de ataque, y emplaza a los romanos a apagar las luces de noche para despistar a los aviones aliados.
Otro de los manifiestos es directamente racista pues ironiza sobre los soldados negros de los -entonces- enemigos franceses: "Los defensores de Francia", se lee, bajo el dibujo de un militar negro.
Por último, otros carteles pertenecen al llamado 'Irredentismo', un movimiento que desde finales del siglo XIX, tras el nacimiento del Estado italiano tras la unificación del país, reivindicaba la anexión de distintos territorios de su área de influencia.
En concreto, los manifiestos de Cola di Renzo propugnan la anexión del archipiélago mediterráneo de Malta, que por entonces pertenecía al imperio británico.
Sus autores denuncian que son "perseguidos" por las autoridades británicas solo por su "nacionalidad italiana" y rememoran la represión del sangriento 7 de junio de 1919, cuando dispararon a los manifestantes que se quejaban por los nuevos impuestos.
"La isla de Malta, que es la joya del mar de Italia, ha sido reducida a un cuartel y fortaleza de un imperio extranjero", se lee.
Los manifiestos permanecen pegados en la pared de esta calle romana a la espera de que el ayuntamiento decida qué hacer con ellos.
Por el momento, las obras en la tienda han quedado interrumpidas ya que el Código de los Bienes Culturales de la capital prohíbe la retirada de "frescos, escudos, grafitis, lápidas o inscripciones históricas" sin autorización.